Bahidorá, o del Paraíso

Bahidorá/Edén

 

Bahidorá/Edén

A la condición física o biológica de los pueblos de Urantia le hicieron poco efecto la decadencia cultural y pobreza espiritual que resultaron de la caída de Caligastia y de la consiguiente confusión social. La evolución orgánica procedió de prisa, muy a pesar del revés moral y cultural que, tan aceleradamente, siguió a la deslealtad de Caligastia y Daligastia. Hubo un momento en la historia planetaria, hace casi cuarenta mil años, cuando advirtieron los Portadores de Vida en servicio que desde un punto de vista puramente biológico se acercaba al ápice el desarrollo progresivo de las razas de Urantia. Coincidiendo con esta opinión, los síndicos Melquisedek acordaron prontamente unirse a los Portadores de Vida respecto a una petición a los Altísimos de Edentia solicitando que Urantia se sometiera a inspección con miras a la autorización del envío de elevadores biológicos, un Hijo y una Hija Material.

La primera tarea fue la de construir la muralla de ladrillo a lo ancho del istmo de la península. En cuanto ésta se terminó, se pudo proceder sin escollos a la labor real del embellecimiento paisajístico y la construcción de casas. Se creó un jardín zoológico edificando una muralla más pequeña justamente afuera de la muralla principal; el espacio intermedio ocupado por toda clase de bestias salvajes servía de protección suplementaria contra los ataques hostiles. Estaba este parque zoológico organizado en doce grandes divisiones; caminos flanqueados de muros conducían entre estos grupos a las doce puertas del Jardín; el río y sus pastizales adyacentes ocupaban el recinto central. Sólo se emplearon obreros voluntarios para preparar el Jardín; nunca se usaron manos mercenarias. Cultivaron el Jardín y cuidaron sus rebaños para sostenerse. También recibieron aportaciones de alimentos de creyentes cercanos. Y se llevó a término esta gran empresa a pesar de las dificultades que resultaron del estado confuso del mundo durante estos tiempos penosos.

Esta superplanta almacena ciertas energías espaciales que sirven de antídoto contra los elementos que producen la vejez en la existencia animal. El fruto del árbol de la vida se parecía a una batería de almacenamiento superquímico que, al ser comido, liberaba misteriosamente una fuerza del universo que prolongaba la vida. A los seres evolucionarios ordinarios de Urantia, esta forma de sustento no les servía de nada; pero sí les sirvió concretamente a los cien miembros materializados del séquito de Caligastia y a los cien andonitas modificados quienes habían contribuido su plasma vital al séquito del Príncipe, y a quienes, en restitución, se les dio aquel complemento de la vida que hizo posible que utilizaran el fruto del árbol de la vida para prolongar por tiempo indefinido su existencia que, de lo contrario, sería mortal.