Probablemente en cuanto inicien las vacaciones la organización que se comienza a gestar en la universidad se vea visiblemente reducida. Tal como recuerdo pasó con el 132. Las aulas, los jardines, el agora, las islas, son todos espacios de comunión y diálogo que muy a pesar de todas nuestras diferencias representan un bastión crítico sin parangón en el país. Tal vez está de más decirlo pero, por eso y por muchas otras voces más, un paro indefinido sería un duro golpe al diálogo universitario. Ahora bien, se vienen días muy difíciles: el jueves 20 de noviembre es día de paro nacional. Desde varios puntos de la ciudad saldrán contingentes. También, tengo entendido, confluirán otros de diversas partes del país. Será una movilización sin precedentes. Eso parece. El Gobierno del Distrito Federal ha cancelado el desfile militar. Aún falta otra día paradigmático. El 1 de Diciembre también es una fecha dura para todos: el aniversario de la toma de protesta de Enrique Peña Nieto. Todos recordamos los fuertes enfrentamientos de entonces. Quedan alrededor de dos semanas de clases, máximo. Para muchos menos. Es un punto crítico, porque cualquier intento de hostigamiento de parte de las autoridades es muy probable que ocurra durante estos días. No olvidemos que para el ojo internacional Ayotzinapa sigue siendo el foco; la UNAM, el Politécnico y en general el movimiento estudiantil es una expresión de muchas más que están ocurriendo en el país simultáneamente. Nada es aislado y de una o de otra forma están conectados. La violencia no es normal. 

Ha habido detenciones arbitrarias. Incluso ya desaparecidos. El vacío de autoridad que percibimos el pasado de noviembre en la Facultad de Filosofía y letras fue abrumador: puertas cerradas, trabajadores ausentes, sin vigilancia, pasillos visiblemente menos transitados a mitad de semana y José Narro trabajando en sede alterna. Cualquiera con un poco de conocimiento de historia puede recordar los mecanismos que se implementaron el día del mitín en Tlatelolco. Si quiera recordarlo es tenebroso. Así como Díaz Ordaz no quiso que la fiesta de los juegos de Olímpicos se viera afectada, dudo mucho que Enrique Peña Nieto permita que de alguna forma su imagen se distorsione aún más. 

Muchos nos preguntamos qué hacer. ¿Cómo apoyar ante esta lamentable situación de amedrentación y miedo? Como nos podemos dar cuenta, uno de los mecanismos de intimidación proviene indirectamente de los medios de comunicación. No son sólo las vallas el único cerco que impide alcanzar a ver el panorama con total claridad, también lo es el informativo. Ante las notas y reportajes de medios que evidentemente han dado información sesgada -como El Universal, Milenio y Excélsior-, urge una labor periodística seria. No importa no portar cámaras portentosas o grabadoras avanzadas. Tampoco incluso si no sabemos cubrir un evento profesionalmente. Pero lo que es imprescindible es el apego a la verdad. La mayor objetividad posible. Ante la mentira de otros medios, el boca-en-boca debe ser el origen de un procedimiento que rompa los prejuicios de la radio y la televisión, a través de las redes sociales. Entonces ¿qué podemos hacer? Contar la verdad. Con eso es bastante, aunque no suficiente

Se vienen días muy complicados, pero hoy más que nunca hay que asistir a la universidad. No caer en el juego de los grupos de choque que, como todos sabemos en la universidad, no son estudiantes. Tomar como carta la ingobernabilidad como vía para cambiar las cosas del país, es saltarse muchos pasos para cambiar la situación. El cambio es paulatino y lento. Incluso una revolución, para quien se ha aventurado a decir que ya existen las condiciones materiales, es una herida que permanece abierta por muchos años. No dejemos de ir a la Facultad. La universidad es de los estudiantes. De nadie más. Hay que protegerla, pero más a nosotros. No hablo del patrimonio físico. Hablo de la entidad que significa y representa la UNAM a nivel de diálogo y pluralidad. Cerrarla es cerrar la boca. Detenerla, en estos momentos, es censura. Asistir a clases, hoy, es un acto de resistencia.

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