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Por Gonzalo Lira / @Gonyz

La variedad en la lista de invitados que recibió el Festival Internacional de Cine de Los Cabos para su quinta edición pareció haberse concentrado en apenas el segundo día de actividades. “De chile, de mole y de manteca”, dirían por ahí, tomando en cuenta que celebridades tan diversas como el joven Jacob Tremblay (Room), el comediante Craig Robinson (The Office), o los veteranos Cary Elwes (The Princess Bride) y Dennis Quaid (Far from heaven) se dieron cita para hablar de sus recientes producciones, mismas que no importando si están destinadas a la pantalla grande o la pantalla chica (como es el caso específico de los dos últimos, quienes presentaron la serie The Art of More de Crackle), fueron los platos fuertes de las actividades del día.

Asimismo, en el apartado dedicado a la industria, el festival contó con la participación del mexicano Gastón Pavlovich, productor de Silence The Irishman, los dos próximos proyectos dirigidos por Martin Scorsese, además de la versátil artista y cineasta Julie Taymor, quienes compartieron con los asistentes sus experiencias personales y profesionales, además de aconsejar a los miembros de la industria respecto al proceso creativo y administrativo del cine desde sus vivencias. Pero como lo que realmente nos citó en la península de Baja California es el cine, pasemos directo a hablar de algunas de las películas que pudimos ver en nuestro segundo día de cine y playa.

Manchester By The Sea (Dir. Kenneth Lonergan)

Al director Kenneth Lonergan le debemos el hecho de que Mark Ruffalo saltara a la fama con su ópera prima You Can Count On Me (2000), a la que sólo siguió con Margaret (2011) antes de traernos ésta, su tercera película como director y gracias a la que seguramente será Casey Affleck quien ahora le deba lo que se ve como su posible segunda nominación al Oscar. Y es que, aunque el menor de los Affleck ya había mostrado su talento en trabajos como El Asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007), Gone Baby Gone (2007) y la maravillosa Gerry (2012) de Gus Van Sant, la realidad es que casi todas sus apariciones en la pantalla grande habían sido de bajo perfil a comparación de, digamos, su hermano Ben.

Pero eso está por cambiar porque en Manchester by the sea el actor es el principal motivo para interesarse en esta intimista historia llena de tragedia y humanidad. El nuevo trabajo de Lonergan no es de fácil digestión, hay que advertir, y es por ello que el trabajo de Affleck es primordial para que la historia funcione y no se estanque en el melodrama que un director menos sensible le hubiera inyectado.

La historia es sencilla y gira en torno a Lee (Affleck), un hombre solitario, silencioso y con una enviciada tendencia a involucrarse en situaciones violentas para encontrar el castigo físico con el que busca expiar la culpa que una tragedia familiar le obliga a cargar en los hombros. Ahora el intendente de un edificio, conocemos fragmentos de su vida pasada a través de flashbacks, en los que pronto sabemos que hay una vida familiar ausente en su presente, misma que lentamente se irá develando.

Antes, Lee fue un jovial pescador, felizmente casado con Randi (Michelle Williams) y padre de dos pequeños de los que ahora no existe rastro. Es gracias a esta misteriosa situación que el director nos engancha rápidamente en la vida de su protagonista, quien repentinamente debe hacerse cargo de su sobrino, en una situación que lo confronta con esa paternidad que aún no sabemos dónde quedó, pero que indudablemente es fácil entender que no se trata de un tema con el que pueda o quiera lidiar. Es ahí donde el trabajo de Casey Affleck se convierte en la principal atracción de esta película, sobria y de cocción lenta, donde éste último elemento nunca juega en su contra sino a su favor. Lonergan es un director paciente pero con la sensibilidad suficiente para encontrar en cada situación, por más ordinaria que parezca, detalles suficientes para dibujar mejor a sus personajes y darle paso avante a su historia.

El director se muestra en control de cada situación y para muestra está el trabajo de sus actores, todos contenidos en medio de una vorágine de tragedia, pero siempre estoicos, logrando no sólo uno de los mejores trabajos de su actor protagonista, sino también de Williams, con quien comparte una dolorosa escena final en la que se resume el desquebrajado corazón que palpita detrás de esta historia. Sumado a esto, el sencillo pero atractivo trabajo de fotografía por parte de Jody Lee Lipes (Martha Marcy May Marlene, Tiny Furniture) es una razón más para hacer de Manchester by the sea un drama digno de verse. (Calificación ***/*****)

Aquarius (Dir. Kleber Mendonca Filho)

La edad es un tema que, vanidosos o no, a todos nos representa un dilema cuando vemos hacia el futuro. Con la edad, temas como la trascendencia, el legado o la permanencia se hacen cada vez más inquietantes porque, a final de cuentas, la inevitable muerte se convierte cada día más en la única certeza. Estos temas han sido por siglos detonantes de diferentes expresiones artísticas. El cine no es la excepción y, por ello, no sorprende que sea implícitamente la razón de existir de Aquarius (2016), apenas el segundo largometraje de ficción del brasileño Kleber Mendonca Filho, protagonizado por la imponente y veterana Sonia Braga.

Aquarius cuenta la historia de Clara (Braga), una crítica de música retirada y viuda, perteneciente a una familia de clase media acomodada, que después de vencer el cáncer se embarca en una batalla contra la constructora que ha comprado todos los departamentos del edificio donde ella es la única que se niega a permitir la construcción de un moderno complejo habitacional en su lugar. Ahora rondado por delincuentes de poca monta y viendo su status devaluado, el vecindario de Clara sigue representando para ella ese “pasado mejor” al que se aferra, anterior a la pérdida y la irrelevancia a la que el mundo amenaza diariamente con condenarla.

Bajo esta situación, el director explota las impresionantes cualidades histriónicas de Braga, quien en Clara encuentra un vehículo natural para canalizar esas inquietudes y temores, mismos que por su condición humana seguramente ha experimentado de igual manera. Reuniones familiares, ligues espontáneos, salidas con amigas, así como la desagradable y desgastante negociación con los miembros de la constructora son sólo algunas de las situaciones a través de las cuales el director nos hará ver reflejado el evidente deterioro al que la integridad de la protagonista se ve expuesto, mostrando que sin importar el estrato social o los privilegios de los que alguna vez podamos gozar, todos somos seres frágiles e intercambiables. Pero no se confundan porque, contrario a lo desesperanzador que resulta el tema con el que Mendonca Filho nos lleva a la reflexión, la película logra inspirar gracias a la humanidad de su personaje central, interpretado con la dignidad y fortaleza que sólo una actriz con la experiencia de Braga logra con tan admirables resultados. (Calificación ****1/2 / *****)

 

War on Everyone (John Michael McDonagh)

Hay un momento, apenas a unos minutos de iniciada, que la nueva película de John Michael McDonagh me hizo preguntarme si no había viajado en el tiempo a 1995, cuando todo el cine independiente estadounidense no era más que una calca de las películas criminales de Quentin Tarantino. Y aquí es donde aclaro que no, no con ello estoy haciendo precisamente un comentario positivo sobre War On Everyone (2016), tercer largometraje del británico, sino una simple anotación que dirá mucho más de la película de lo que quizá logre explicar con mis siguientes líneas (aquí, para muestra de un ejemplo mejor logrado, la reciente Dos Tipos Peligrosos con Russell Crowe Ryan Gosling se siente como una mejor recomendación).

Después de dos joyas como El Guardia (2011) y Calvario (2014), con las que McDonagh se posicionaba como una original voz dentro del cine independiente europeo, llegó a Los Cabos (porque dudo llegue a encontrar un estreno comercial en nuestro país) su más reciente aportación sobre el mundo criminal, aunque en esta ocasión se trata del primero que se desarrolla en Estados Unidos. Y es ahí donde empiezan los problemas, pues para contar la historia de dos policías corruptos (Michael Peña y Alexander Skarsgard), la nueva locación y cultura parecen haber jugado en su contra, mostrando a un director fuera de ritmo, con un guion que depende demasiado de las fallidas y forzadas referencias culturales que sus protagonistas mencionan sin convicción alguna.

En el mundo de McDonagh todos los policías y criminales saben de arte o literatura con erudición, a pesar de que nunca hacen evidente sus cultivadas personalidades en sus acciones. Tampoco existen cuestionamientos respecto al mundo que habitan, mismo que se siente caricaturesco sin razón, lleno de personajes estrafalarios, cuyo vestuario se siente más como un disfraz que el reflejo de una personalidad sustentada en sus acciones o inexistentes motivaciones (para muestra el villano interpretado por Caleb Landry Jones, por poner un ejemplo). El director busca crear personajes latinos o femeninos que justifiquen su protagonismo (Stephanie Sigman y Peña son el matrimonio protagónico) a través de acciones más inteligentes a las del resto, no obstante nunca logran dotarlos de una esencia, dejándolos en meros bosquejos llenos de buenas intenciones, mostrando un esfuerzo por asomar una corrección política que choca con el violento y corrupto mundo en el que intenta posicionarlos con naturalidad. Un desastre. (Calificación *1/2 / *****)

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