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Por Enriqueta Arias / Juxtapoz Latin America

Fotografías por Edlin Castro

Canadá se apoderó de los muros mexicanos durante el mes de febrero y la primera semana de marzo. Después de formar parte del Festival Internacional de Arte Público, FIAP, Cancún Riviera Arts Destination, CRAD se lanzó a realizar un nuevo proyecto que lleva por título “Cancún es Arte”. Esta iniciativa busca promover la producción de murales en espacios públicos e intenta lograr que Cancún tenga distritos de arte por toda la ciudad, además de establecer una interacción entre el espectador y el artista.

Este proyecto posee cuatro murales que fueron realizados por artistas nacionales, como Liz Rashell y Lesuperdemon, quienes colaboraron, también, con dos artistas internacionales, el estadounidense, radicado en la ciudad de Montreal, Jason Botkin—quien realizó una pieza en Holbox con Curiot—y el originario de Ottawa Labrona.

Después de los murales que se hicieron en Cancún, llegaron a la ciudad de México con toda la intención de llenar los muros del Distrito Federal, y junto al proyecto independiente Liaison of Intercultural Arts, LIA, se gestionaron dos murales, uno ubicado en la estancia de bienestar y desarrollo infantil número 48 del ISSSTE y el otro en Donceles 66, en una de las sucursales de las Pizzas del Perro Negro en el centro histórico de la ciudad.

A pesar de poseer dos estilos completamente diferentes y dos técnicas distintas, Jason Botkin y Labrona hicieron que su trabajo se complementara perfectamente en los tres murales que realizaron juntos en la ciudad de Cancún y el que realizaron en el Distrito Federal.

La manera en que ambos son capaces de expresarse pictóricamente, no sólo refleja su pasión por su trabajo, así como un conocimiento y asimilación indiscutibles de la cultura maya, en específico, tras pasar casi más de un mes en México; si no que también reflejan una experiencia conjunta, en un mismo espacio en común y bajo un propósito muy claro en el arte, como lo es hacer de la calle un museo capaz de comunicar a la gente y a comunidades donde las actividades artísticas son poco vistas.

De esta manera, por ejemplo, la experiencia en la estancia infantil, inclinó la balanza a un proyecto en el que se buscaba involucrar a los niños –de entre los tres y los cinco años de edad—para que su contacto con las artes visuales los ayuden a un desarrollo pleno y completo de lo que el arte puede generar en ellos, a nivel de interacción social e intelectual.

Asimismo, y fascinados por fundamentos filosóficos y una antigua muralla en Chichen Itzá, Jason y Labrona ilustraron un doble vínculo de la vida y de las fuerzas opuestas/ complementarias, las dicotomías indiscutibles que fundamentan nuestra vida,  como lo es la muerte, la noche, el día, etcétera.

Su visita por México ha llegado a su fin, pero la huella que dejaron en las diferentes ciudades que visitaron, así como las experiencias que marcaron sus trazos y su interacción con la gente de nuestro país, invaden con una inmensa paleta de colores los recuerdos de quienes tuvieron la oportunidad de colaborar y convivir con ellos día con día. Finalmente, el arte será siempre el recuerdo más poderoso que ayude a revivir y re interpretar nuestra cultura, nuestros orígenes y nuestras vivencias, desde los ojos de los de afuera, que muchas veces logran convertirse en un reflejo interior de nosotros mismos.

* Un agradecimiento especial a mis amigos y ex roomies: Jason Botkin y Felix Berube.

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