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Por: Enriqueta Arias / @enriqueta2908

Fotografías de Enrique Fabela

Coachella

 The Knife – Wanting to kill

Ciertamente el pasto del desierto es más verde que el del vecino. Esta ciudad nos dio una bienvenida digna de cualquier película de Hollywood. Un camino perfecto con palmeras prefabricadas y  gigantes avenidas que adornan  las casas de los ricos y famosos que hacen de éste, un escenario perfecto para las contradicciones.

La contradicción más grande es, incluso, que Coachella lleva casi catorce años demostrando que es uno de los festivales internacionales más importantes, y a pesar de que muchas cosas son iguales en muchos otros, hay que aceptar que éste es uno de esos espacios de música que han marcado hítos en la historia de muchas bandas, como Daft Punk y la legendaria pirámide del 2006, que después formaría parte de su gira internacional.

Otro de los aspectos principales es mentalizarse de la palabra: aventura, que en este festival es sinónimo de guerrerísmo puro, pues las condiciones no son perfectas y eso es lo que hace de Coachella un lugar ideal para escuchar música, ver shows increíbles, instalaciones de arte y ser sede de una de las mejores fiestas del año.

Habíamos comenzado el día entre hoodies, jeans, mucho demin y un par de Sperrys. Al final el resultado no podía desentonar con la parafernalia extravagante que acompaña los cuerpos y caras de la mayoría de las asistentes. Por eso elegimos un vestido de colores tornasol Levi’s que atinara entre toda aquella dinamita fashionista.

El día era largo y la lista de bandas por ver también lo era, así que hicimos parada en el Outdoor Theater con las hermanitas californianas que nos enamoraron con sus quirky pasos de baile. Haim posee esa poderosa combinación entre tres mujeres sexy-rudas, con leather jackets, Daisy Duke shorts y lipsticks rojos.

Mucho antes de montar motocicletas bajo el sol de Los Ángeles, se llamaban Valli Girls y hacían rolas para shows de TV y el soundtrack para The Sisterhood of the Traveling Pants, pero verlas en vivo fue pura energía. Su calidad musical replica los sonidos de su pasado popero, pero con insumos de rock sucio, producto de su colaboración con Kid Harpoon, y letras pegajosas que hacen un match perfecto, capaz de engancharnos y ponerlos a bailar al ritmo de “Forever” y “Don’t Save me.”

Las Haim están tan pulidas musicalmente, que pueden verse como un trío de cínicas y despreocupadas, pero la verdad es que su actitud ligera, complementa perfecto la calidad de su sonido musical.

Antes de que terminara, nos movimos un escenario para ver el final de AFI y su cierre que nos llevó todo un camino de vuelta al 2006 con “Miss Murderer” y su antiguo look. Después viajamos al escenario GOBI, con la británica e irreverente Kate Nash, quien sorprendió con su increíble look lleno de perlas y brillos, además del cabello anaranjado que podría confundirla con la hija de Vivenne Westwood o Grace Coddington. Acompañada de una banda completa de chicas, Kate demostró el poder de sus letras, además de una energía altamente femenina y subversiva con canciones como Foundations. 

Entre la emoción y la ansiedad, además de la buena comida, largas caminatas y un calor que te seca los labios desde las primeras dos horas que estás parado bajo el sol, cayó la tarde y con ello las luces comenzaron a iluminar el espacio y a la gente misma, quienes se ponían luces de leds y fotos colgantes en la cabeza y el cuerpo.

Mientras tanto, teníamos una cita con París y Yoann Lemoine, mejor conocido como Woodkid. Lo de menos es que haya trabajado en videos de Lana del Rey, como “Born to Die”, sino que en el momento en el que entró al escenario se convirtió en uno de nuestros favoritos de la noche, incluso después de ver a Chromeo. Los juegos visuales se combinaban con sus increíbles videos blanco y negro, además de un juego de luces inmenso.

Su trabajo es más bien una reinterpretación cinematográfica que incluye la intervención de productores, además de la Orquesta de París. Fue un momento controlado y experimental que desbordaba emociones.

Girl Talk puede ser trillado, pero hace que la música electrónica, los sampleos y la parafernalia audiovisual muevan masas. Fue una fiesta total antes de ir al escenario contiguo a ver a The Knife, quienes invadieron el espacio con sus trajes psicodélicos y sonido electro-pop escandinavo que nos demuestra una vez más porque los suecos se han convertido en un vértice importante en la música durante las últimas décadas. Sólo basta con escuchar la versión original del Deep Cuts de 2006: Heartbeats, además del cover de José González.

Finalmente había llegado el momento de presenciar uno de los reencuentros más esperados del año: OutKast, quienes lograron conglomerar a una cantidad infinita de gente que, al igual que nosotros, esperaban un regreso inolvidable, pero tenían que cumplir el capricho de muchos nosotros, así que concluyeron con dos sencillos clásicos y necesarios: “Roses” y “Hey Ya!”

El día terminó para nosotros, pero la fiesta continúa y sólo resta esperar qué nos depara este amor fugaz con el festival de Coachella, el día de mañana.

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