DÍA 5

Terminada la entrevista volví a Centro Maya, donde se llevan a cabo las proyecciones. Con todo y lo horrible que puede ser pasar la tarde en un centro comercial, el festival acondicionó un área de descanso/trabajo/comida muy cómodo y funcional que, además, permite la cercanía que ya a mediados de festival (como comenté al principio) se empieza a sentir entre quienes llevamos ya casi una semana por acá. No dio tiempo de comer esta vez pero poco importaba. El lleno total de la función la noche anterior y la satisfacción de quienes encontraron lugar pronto hizo de Victoria (Dir. Sebastian Schipper) una de las sorpresas que quería descubrir.

 

Ambientada en una noche que inicia mientras seguimos a la titular Victoria (la sensacional catalana Laia Acosta) mientras sale de un bar en Berlín después de una noche de fiesta, el cuarto largometraje como director de Schippe (quien ha trabajado, como actor, con gente como Tykwer o Minghella) es una joya visual que, aunque a ratos carece de lógica o arrebata completamente el sentido común de sus personajes, impresiona por lo genuino de sus personajes, la altísima calidad de sus actuaciones y el elemento que pronto la convirtió en uno de los hallazgos más comentados del festival, pues se trata de 140 minutos que, alega el director, son un solo plano secuencia sin cortes. Es con este gimmick como principal atractivo (que, afortunadamente, pronto pasa desapercibido) que atestiguamos el arco dramático que un par de malas decisiones provocan, en tiempo real (o algo así, porque la película de repente tiene huecos perdonables de tiempo-espacio) a su protagonista tan pronto conoce a unos criminales de poca monta quienes, a la salida del bar, invitan a Victoria a pasar una noche de cervezas que eventualmente la conduce a, ya interesada en uno de los miembros de la pandilla (el muy convincente Frederick Lau), aceptar ser partícipe de lo que en un inicio parece una travesura pero termina involucrándola en una espiral de la que no puede escapar.

 

Sin hacer un solo corte y manteniendo una tensión trepidante, así como acompañada de un acertadísimo diseño sonoro, Victoria es sin duda la película más efectiva en sus efectismos. Y aunque hay quien se sintió incómodo tratando de llenar algunos huecos que, si se pone uno a sobre analizar la película, se traducen en situaciones improbables, la película cumple con una de las labores que más nos traen a las salas: emocionar.

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