Por Verónica Guevara Páez  / @verovero_gp

¿A qué temperatura se queman las palabras? Este texto debería ser en honor al día del libro, y enlistar las cualidades por las que se festeja  un objeto atiborrado de vocales, consonantes, etcétera, que arde  a 451 grados Fahrenheit y después nada, el mundo sigue.

El festejo a los libros y a los autores comenzó oficialmente el 15 de noviembre de 1995, pues la Conferencia de la UNESCO decidió homenajear a los libros y a los autores nacidos o fallecidos el 23 de abril, fecha de la muerte de William Shakespeare y de Miguel de Cervantes –aunque los datos de ambas figuras no son exactos-. Ahora han pasado 400 años de su aporte a la literatura, la cual es incuestionable.

William Shakespeare

cervantes

En Cataluña, cada año los enamorados se intercambian una rosa y un libro, el mismo día en que celebran a Sant Jordi. Según la leyenda que se ha expandido por Europa, el santo venció al dragón y salvó a la princesa, símbolo del triunfo del bien sobre el mal y del amor.

Fahrenheit 451 (1953) de Ray Bradburý, cuenta cómo el uso de los libros era una suerte de disidencia, de ir en contra de actitudes unívocas, de articular la realidad y la imaginación, a través de una combinación casi infinita. El festejo al libro incluso remonta a la necesidad de los seres humanos de continuar la historia contando historias, los libros pasan a segundo plano.

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Escribir un libro no parece algo tan complicado, lo complicado es que alguien indiferente a la lectura encuentre una historia, que sea como el amor, entre por los ojos y acabe haciendo mella el estómago, el corazón, las ideas, ese es el reto de las festividades y la promoción de la lectura en México,. Tal es la Fiesta del libro y la Rosa organizado por la UNAM.

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