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Por Xavier Bankimaro.

La televisión es como el monstruo del armario: dejas de temerle o satanizarla cuando la abres y ves que  existe dentro en verdad.

Todo depende del individuo, la audiencia y su criterio; nada depende del medio o del aparato, retrógrada es pensar lo contrario, así que en vez de no promover usar algo hay que aprender a utilizarlo, sino piensa en esto:

¿Qué hubiera pasado de haber pensado lo mismo sobre el fuego hace miles de años?

Fue el fuego, al que tanto temíamos los seres humanos los que nos llevó a poder formar hogares, calentarnos y permanecer seguros en la noche ante los depredadores. Entre otras cosas que el sentarse frente al fuego (costumbre que se hace hasta nuestros días) promovía que la tribu pudiera tener comunicación, conexión emocional e información; claro que también alguna persona causó (ha causado) un par de incendios por falta de criterio, experiencia, o simplemente maldad y poder ¿Deberíamos culpar al fuego por esto? NO, Lo mismo sucede con la televisión.

De hecho las corrientes de literatura de vanguardia (como la Generación AfterPop o la Narrativa Transpoética) están a favor del “buen” uso de la televisión como portal interdimensional; un aparato capaz de transmitir información a cientos de kilómetros de distancia en segundos, y aunque ahora tenemos los smartphones con redes sociales, el alcance de la televisión es mucho más grande, masivo, y dado que las redes ya se encergan de la transmisión de información como comenta el ensayista español Eloy Fernández Porta en su libro AfterPop: La Literatura de la Implosión Mediática (2007), así como cuando apareció la fotografía, ésta le dio la oportunidad a los pintores de expandir su horizonte artístico más allá del retrato; con la llegada de las redes sociales y la internet, la televisión ha podido hacer lo mismo.

Eloy Fernández Porta, poeta y ensayista español, icono de la Narrativa Transpoética y la Generación AfterPop.

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Ya visionarios como David Foster Wallace (La Broma Infinita, Extinción…) o Alan Moore (Watchmen, V de Vendetta…), señalaban desde los años 80 los puntos a favor y en contra de la televisión como medio de distribución de la información, como en algún momento solo lo fueron los libros, los folletines y los periódicos. Los cuentos de Edgar Allan Poe, las primeras aventuras de Sherlock Holmes (Arthur Conan Doyle) y los primeros poemas de William Butler Yeats y Virginia Woolf fueron publicados en “vulgares” folletines y actualmente son pilares de la literatura universal.

Cuando a finales de los años 30 y principios de los años 40 del siglo XX comenzaron a salir a la venta las historietas o comic books de superhéroes (The Adventures of Superman de Jerry Siegel, Batman: Detective Comics de Bob Kane), éstas eran consideradas literatura barata, hasta que escritores reconocidos como Ray Bradbury (La Crónicas Marcianas…), y quien hizo el prólogo para la novela gráfica Superman: The Man of Steel (1986) de John Byrne les pusieron la atención debida y se dieron cuenta de su importancia artística.

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“Superman es definitivamente el arquetipo de héroe de ciencia ficción, y al mismo tiempo el arquetipo de héroe que todos necesitaban en los años 30 ante la situación mundial; ahora, en plena Guerra Fría, ante una posible catástrofe nuclear, y el resurgimiento de este género en esta década de los años 80, la ciencia ficción representa el escape y Superman el héroe en el colectivo imaginario que todos necesitamos…”

Ray Bradbury.

Posteriormente con Watchmen (Alan Moore, 1986), considerada una de las 100 novelas más importantes del siglo XX, y Batman: The Dark Knight Returns (Frank Miller, 1986), la novela gráfica comenzaría a ser tomada en serio.

Recapitulando: el problema no es el medio, sino el criterio del individuo y la información que se transmite en sí, y como mencionamos anteriormente, la llegada de las redes sociales y su capacidad masiva de distribución de la información le han dado a la televisión la oportunidad de expandir sus dimensiones artísticas (como sucedió con la pintura al llegar la fotografía), aprovechando no sólo las capacidades del escritor, sino la experimentación visual y sonora, como lo hizo el cine.

La bella diferencia entre una película y una serie de televisión, es que la primera tiene hasta 3 horas para desarrollarse, mientras que una serie vendría haciendo lo que las novelas gráficas o los cuentos que aparecían en folletines: los personajes pueden ser más complicados en el desarrollo de su caracterización lo mismo que la historia en sí misma, y con guiones que no le piden nada a grandes novelas, basta ver series de las últimas décadas como Six Feet Under, Breaking Bad, Spartacus, Game of Thrones, The Walking Dead y Hannibal, para darse cuenta de la calidad artística a la que puede llegar la televisión.

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Spartacus, Game of Thrones, The Walking Dead y Hannibal están basadas en series literarias (novelas y novelas gráficas), sin embargo ¿Qué hay de Six Feet Under (2001-2005) y Breaking Bad (2008-2013)? Las cuales fueron series creadas exclusivamente para la televisión y rompieron los esquemas de lo que la televisión podía ser, básicamente a través del guión, las actuaciones y la banda sonora; así como Watchmen fue una novela gráfica creada para ser únicamente una novela gráfica, y cuya adaptación a cualquier otro formato es imposible (aunque Zack Snyder hizo un gran intento en 2009), estas series son imposibles de ser llevadas a otro formato que no sea la televisión, “La televisión es mala porque te hace idiota” suena tan ridículo como “si te tomo una fotografía te robo el alma”, ya el gran cineasta David Lynch había demostrado esto con la serie Twin Peaks (1990-1991); en un entrevista Lynch comentó que el futuro de la literatura se encontraba tanto en el texto como en medios audiovisuales incluyendo no sólo el cine sino la televisión, y que su obra pretendía ser no sólo cine sino literatura de vanguardia.
Actualmente, por ejemplo, la poesía no se manifiesta sólo en texto sino que el poeta recurre a todo tipo de herramientas: música, visuales, etcétera…

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Ya entrado con esto de la literatura de vanguardia; la propuesta que hace la Generación AfterPop, es tal vez la cima de la literatura de nuestra época, completamente inspirada en la televisión tanto como en la literatura clásica y las novelas gráficas.

Agustín Fernández Mallo, físico, poeta y novelista, creador del Proyecto Nocilla; una trilogía de Narrativa Transpoética donde pretende romper las fronteras entre ensayo, diario, poesía, novela y artes visuales, compuesta por los libros Nocilla Dream, Nocilla Experience y Nocilla Lab, así como Nocilla Experience: La Novela Gráfica ilustrada por Pere Joan, comenta que la televisión es una de sus más grandes fuentes de inspiración.

Agustín Fernández Mallo, poeta y novelista español, icono de la Generación AfterPop y autor del aclamado Proyecto Nocilla

La televisión es exactamente el equivalente a sentarnos frente al fuego, y al igual que con éste, no es culpa de ella si causas un incendio o disfrutas de una buena charla, desarrollas tu mente y creces.

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El individuo usa la herramienta no la herramienta al individuo.

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