Por Alejandro Romero 

El Festival Bravo es un festival con un mood bohemio y austero que se caracteriza principalmente por su realización en el bosque, ofreciendo como ya han hecho antes otros festivales, (usualmente formados por los mismos productores), la experiencia de salir de la ciudad y presenciar diversos artistas tocando en vivo, y a eso sumarle la oportunidad de ver a los amigos, echar la chela y disfrutar del terreno.

Cuando uno piensa en el “Pueblo Mágico” que es Valle de Bravo, es inevitable no evocar o relacionarlo con el lago cautivante que atrae a una enorme cantidad de turistas. Aún sin conocer el sitio, es famoso por esta singularidad.

Sin embargo la fiesta se llevó a cabo en el fondo arbolado y polvoriento del Rancho Las Lajas, sobre la carretera Camino de San Bartolo a San Miguel Xolotepec. Así la ilusión de hacer un festival en esta zona “paradisíaca” era ya una convicción que se cumplió el pasado fin de semana.

Para los amantes de los conciertos y festivales por supuesto este plan alternativo para el fin, nos vino bastante bien. Uno de los rasgos del line up más interesantes fueron las invitaciones de creadores como Sbtrkt, Sohn, Teen Flirth y Jagwar Ma.

Es reconfortante la idea de contribuir a proyectos “sustentables” que apoyan el uso de productos “eco-friendly”, biodegradables, que se preocupan por el ambiente y por no dejar en él un impacto nocivo en la ejecución de eventos socioculturales que funcionan como espacios recreativos, abiertos a todo público, “pet y child-friendly”, y que promueven el entretenimiento a través de las artes escénicas.

Se ha conceptualizado y adaptado este tipo de locaciones para aprovecharlas con otro significado más allá del paseo común del fin de semana y que en muchas ocasiones se ha logrado exitosamente.

Con este panorama sobre el naciente festival, dio rienda a las expectativas en un público hambriento de nuevas experiencias y que desea encontrar siempre la mejor propuesta en música/atmósfera. Desde que se popularizaron los festivales de esta índole, los asistentes hemos perseguido eventos con propuestas cada vez más interesantes. Muchos eventos similares, son frecuentemente producidos por los mismos grupos de organizadores, pero siempre manteniéndose constantes en renovar los métodos para acercarse al espectáculo más auténtico y distinto, o en mejor de los casos, para brindarle a sus seguidores varias opciones.

Sin embargo en esta primera edición del Festival Bravo resaltaron algunas particularidades  que demostraron quizá su impulsiva manera de realizarse, entre ellas la falta de agua para lavarse las manos, algunas zonas muy oscuras que entorpecían el andar, entre otros descuidos menores. Afortunadamente nada impidió que las cosas fueran verdaderamente exitosas, pues la afluencia de público parecía ser más de la esperada originalmente y los rostros de satisfacción eran abundantes.

Pese tales irregularidades, durante el día el festival funcionó de manera muy fluida; Gente sentada en la explanada sobre manteles de picnic, un escenario de danza contemporánea que fue imán para los niños, varios lanzándose de la tirolesa, cerveza fría, la horchata y la jamaica con mezcal pusieron color en el ambiente; perros de todos los tamaños y razas que se paseaban con sus dueños, #lamusicamehacevolar con artistas como Curtis Harding y Little Jesus pusieron las vibraciones sensuales y relajadas con sus guitarras coquetas. Al anochecer nos sumergimos en el “escenario bosque” que atravesaba la parcela y proyectaba unos visuales y lasers psicodélicos mezclándose entre sí, dando una atmósfera más íntima y oscura al spot con artistas como Crussen y JG Wilkes que mantuvieron baile y baile a todos. No cabe duda de que esta primera edición sólo ha sido una probadita de lo que Bravo puede ofrecer; un line-up bastante discreto pero capaz de reunir a varios miles de personas fuera de la ciudad para pasar un buen fin de semana en un entorno de ensueño.


Facebook Comments
Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Email this to someone