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Por Gonzalo Lira / @Gonyz

No es casualidad que el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) sea uno de los eventos cinematográficos más respetados y concurridos de nuestro país. Con trece ediciones previas y una excelente programación que año tras año reúne lo mejor del cine visto en los foros más importantes del mundo como Cannes, Toronto, Berlín y muchos más, no sólo se trata de una cita obligada para el cinéfilo más exigente, sino que también representa una oportunidad inescapable para caminar las calles de una de las ciudades más bellas de nuestro país.

Como cada edición, este año el FICM tuvo un excelente arranque. Siguiendo la tradición de inaugurar con una película de alto perfil internacional, en la que alguna figura del cine nacional forma parte primordial del elenco o equipo de producción, la elegida para recibirnos este año fue Neruda, protagonizada por Gael García Bernal y una de las dos grandes apuestas con las que el director chileno Pablo Larraín (No, El Club) se consolida como uno de los cineastas más importantes trabajando en la actualidad, tomando en cuenta que este año también ha dirigido Jackie, con Natalie Portman en el rol de la viuda de John F. Kennedy.

Neruda (Dir. Pablo Larraín, 2016)

 Aplaudida en el reciente festival de cine en Cannes y sucediendo a la formidable El Club (2015), el nuevo trabajo de Larraín bien podría ser su película mejor lograda a la fecha y eso de por sí es decir demasiado. En el marco de la persecución sufrida por el poeta que la titula (el chileno Luis Gnecco, formidable), Neruda no es la biopic que quizá mucho imaginarían, sino que se convierte en un ejercicio de meta-ficción donde el director se sirve de la condición como artista del personaje para comentar sobre la necesidad de trascendencia a la que las mentes creativas parecen vivir atadas. De esta forma, y a través de una construcción que oscila entre el film noir e incluso algunos coqueteos con el western en cuanto a la forma, Larraín logra un entretenido y cerebral acercamiento a Pablo Neruda (Gnecco), mismo que no obstante su estilizada realización (el trabajo de cámara es impecable, con dejos de Hitchcock, Laughton, Huston y más) logra poner sobre la mesa temas que logran cuestionar las verdaderas aspiraciones detrás de un personaje tan redentor como ególatra.

En el rol del detective Óscar Peluchonneau, el mexicano Gael García Bernal logra una excelente construcción de personaje que, aunque ingeniosamente se balancea entre un policía anti comunista rudo y determinado, también encuentra momentos de humor que hacia el final rayan en la comedia de la dupla conformada por Blake Edwards y Peter Sellers en la serie de películas sobre el Inspector Clouseau (Pink Panther), sin nunca perder el rumbo del discurso a través del que Larraín logra ahondar en temas como la frustración profesional y la cacería política que caracterizara una de las épocas más oscuras dentro de la historia de Latinoamérica.

Pero aún con el excelente trabajo de García Bernal frente a la cámara y Larraín detrás de ella, todas las palmas van para Gnecco, quien en el personaje de Neruda encuentra un ser humano endiosado por su talento y los alcances de éste, aunque al mismo tiempo fallido y con las suficientes grietas para cuestionar la matizada naturaleza detrás de sus actos. De esta manera, la sutil pero poderosa interpretación de Gnecco pone en duda si la única motivación del protagonista es el bien común, o cuánto también proviene de la egolatría de un intelectual burgués cuya glorificación no sólo nutre su figura pública y redentora, sino también se convierte en la moneda de cambio a través de la cual Neruda puede ser una figura cuya persecución ayuda a levantar el pedestal en el que cómodamente puede criticar a un gobierno que, de no ser el personaje que para ese momento ya era, rápidamente hubiera sido erradicado como el resto de la sociedad que secundaba su forma de entender la realidad de la que formaba parte. (Calificación ****1/2 / *****)

 

Viaje a través del cine francés (Dir. Bertrand Tavernier, 2016)

 

Hace un año tuve la oportunidad de entrevistar a Thierry Frémaux, director del Festival de Cannes, en el marco del FICM 2015. En aquella ocasión, el francés me platicó cómo llegó a convertirse en la cabeza del festival más importante del mundo y el papel pivotal que Bertrand Tavernier jugó en dicha ecuación. Mejor conocido por dirigir la Cinematheque de París, Tavernier es una de las figuras más importantes del cine francés, no sólo por su importante cargo en una de las instituciones más importantes del séptimo arte, sino también por su responsable involucramiento en la restauración de obras que, de no ser por su iniciativa, permanecerían en el olvido o simplemente habrían desaparecido años atrás.

Es precisamente esta experiencia de la que el documental Viaje a través del cine francés se sirve para, de la propia voz de Tavernier (que dirige y narra), llevarnos de la mano en lo que se asemeja a una interesante master class, donde el también director de películas como Round Midnight (1986) o La Princesa de Montpensier (2010) disecciona el cine de autores como Godard, Truffaut o Melville (con quienes trabajó). Pero más allá de su bien informado análisis de autores clásicos como los recién mencionados, el verdadero valor del documental yace en su enfoque por reconocer y estudiar a fondo la filmografía de nombres menos conocidos fuera de su natal Francia. Así, Tavernier explica la importancia de autores como Jacques Becker (Rendezvous in July) o Claude Sautet, y cómo su trabajo es igual de importante en el forjamiento del cine galo como uno de los mejores a nivel mundial.

Más interesante aún resulta el acercamiento que hace a personajes como Georges Delerue o Philippe Sarde, ambos músicos de una gran mayoría de las películas que analiza, pero principalmente figuras cuya importancia ha sido relegada por la historia a pesar de tratarse de compositores cuya excelencia es ilustrada por las elocuentes y estudiadas palabras de Tavernier, quien indudablemente logra uno de los documentales que mejor exponen las razones por las que Francia fue, es y seguirá siendo uno de los países cuya producción cinematográfica difícilmente pasará desapercibida en el futuro. (Calificación ***1/2 / *****)

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