Por Rolando Vieyra

Dos cosas pueden suceder con la obra pictórica de Frida Kahlo: la amas o la aborreces. Pero cuando has decido uno de los dos caminos es porque ya has vivido la experiencia de sentir y pensar cada uno de los detalles con los que están hechos sus cuadros. El crítico de arte Erik Castillo señala que la obra de Kahlo se halla en un “mundo entre infantil y doméstico”. Quizás por ese motivo, cuando un niño vive la experiencia de estar frente, por ejemplo, a Las dos Fridas se ven completamente implicado. Los colores los envuelven junto con los rostros de los personajes. No hay que olvidar que la percepción infantil está abierta a detectar cada detalle y una obra como la de Kahlo es precisamente eso lo que proporciona.

Su recorrido por este mundo, su mítico romance con Diego Rivera, su vida en la Casa Azul de Coyoacán, su accidente, los Surrealistas, su presencia en silla de ruedas en las manifestaciones comunistas, su muerte y su sepelio en el Palacio de Bellas Artes son acontecimientos aún hoy estudiados y conocidos casi microscópicamente. De cada uno de esos momentos de su vida, viene al caso mencionar un hecho importantísimo que transcurrió precisamente cuando comenzaba a forjarse la leyenda de Frida Kahlo: su infancia.

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Nació en la Casa Azul en 1907 dentro de una familia acomodada. Su madre, Matilde Calderón, mujer católica y de firmes principios, se casó con Guillermo Kahlo, hombre de origen alemán, pero sobre todo fotógrafo oficial de la arquitectura del porfiriato. Es ahí, con la pasión que tenía por la fotografía, donde el padre de Frida Kahlo se ve acompañado por su hija hasta que ella entiende por completo las técnicas de este arte. Esta parte de la historia de Frida es la que marca lo que sería posteriormente, ya que el contacto directo con la figura paterna, la lleva a tener las herramientas primarias necesarias para su crecimiento artístico como los son los libros, las fotografías, los documentos arquitectónicos, etc., que después conformarían su vida por entero.

La producción editorial ha documentado todo lo que hay que saber sobre Frida Kahlo y hasta más. Desde sus cartas y sus faltas de ortografía hasta las piezas ortopédicas y vestidos con lo que vivía a diario. Pero quizás faltaba algo en esta producción editorial: un libro para niños con el tema de Frida Kahlo. Quien cumplió en ocupar este espacio fue el Centre Pompidou, el Museo Frida Kahlo y la marca de vinos Rivero González. Con el libro Frida, un viaje a través de un autorretrato, hecho de cartoné, material resistente para el juego de los niños, con un plumón, estampillas y algunas páginas en pop-up, es un elemento con el que los niños pueden comenzar su recorrido por su experiencia artística y lectora. Un inicio que podría marcar el principio de una leyenda, la de esos niños que pueden ser sus hermanos, sus primos o sus propios hijos.

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