Por Xavier Bankimaro / @bankimaro

Aún sin tener la posibilidad de preguntarle a Friedrich Nietzsche (debido a que falleció hace más de cien años) qué hubiera pensado de un cuadro estilo Warhol con su imagen, puedo inferir que no habría sido de su agrado. ¿Por qué me atrevo a inferir esto?

Aquel estilo de Warhol de hacer en sus cuadros réplicas de imágenes es un homenaje a la producción en serie, a la era de la industrialización y al consumo masivo en donde, metafóricamente, todo objeto puede ser embotellado y vendido a cualquier sujeto que tenga la capacidad económica de adquirirlo, colocando así a la creación artística a servicio de la masa, del pópulo y arrebatándole al arte su función de creación de la realidad.

nietzsche

Citando a Alan Moore: si la audiencia fuera capaz de crear su realidad, ésta sería el artista y no al revés; las artes son las directrices de la realidad y se encuentran, por lo tanto, más allá de los caprichos sociales que Warhol homenajeaba o representaba en su obra.

El fundamento del Pop Art (particularmente el de Warhol, ya que podemos hablar de otros enfoques como el de Roy Lichtenstein) es que dentro de la era del consumismo, el arte debe estar al alcance de todos (artistas, audiencia y pópulo) siempre y cuando puedan pagar por la obra, y esto posiciona al arte dentro del capricho del consumidor generando una caída vertiginosa en la cual entra en decadencia.

El pensamiento de Nietzsche es aristocrático y sumamente elitista al expresar explícitamente que el arte no es para el pópulo sino para el artista y la audiencia ilustrada, es decir aquellos que están en los escalones más elevados de la evolución hacia el “Superhombre” y cuyo “Dios ha muerto” (aquellos que se dan cuenta que están por encima de los chantajes de cualquier sistema monetarista). Debido a lo anterior, ver su rostro en un cuadro de técnica mediocre y homenajeado como un objeto en superproducción, puedo inferir que para el filósofo alemán habría sido abominable.

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En resumen, el pop art (como su nombre lo indica) representa la “popularización”, la “vulgarización” del arte y somete -como ya habíamos mencionado- su creación a los sistemas de producción monetaristas y a los caprichos del pópulo, limitando al creador a producir y no crear; aquí un pintor se convierte en un diseñador de interiores y no en un mago que lanza un hechizo para crear emociones y lenguajes. No existe posición evolutiva, ya que una obra puede ser consumida por cualquier persona que pueda adquirirla económicamente y no necesariamente entenderla ni sensible ni intelectualmente: la aristocracia en el arte se transforma en la “moda”, en lo “snob”.

Citemos al pintor neoyorquino de latas de frijoles:

“Pinto botellas de Coca-Cola porque en el siglo XX, desde el presidente de Estados Unidos hasta un cocinero en algún restaurante perdido a mitad de la nada en India bebe Coca-Cola; el consumismo lo es todo y el arte debe ser consumido no creado…”

Dentro de la ideología del filósofo alemán (quien es sumamente explícito en esto), el arte no debe caer en manos de la “masa” ni ser “consumido” por el pópulo, él nos advierte del peligro que esto conlleva, ya que el arte es una herramienta que nos eleva y el “pensamiento popular” es lo que nos degrada.

Citemos otra vez a Friedrich Nietzsch:

“Todo aquello que venga de la plebe es mentira y dañino, todo aquello que viene de las masas es mentira y dañino; si el arte cae en manos de la plebe será mentira, será dañino…”

Como dato curioso: Existe un retrato de Edvard Münch (artista noruego, icono del expresionismo, y quien fue un gran partidario de las ideas de Nietzsche). Münch no sólo demuestra lo que sería (tanto en técnica, calidad y experimentación) lo que es un artista de verdad sino que, a mi juicio, logra captar la esencia de este pensador cuya filosofía fue tan importante para el mundo moderno.

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