En el camión de regreso de Cuernavaca al D.F. hacemos tres horas y cacho. Domingo de resurrección. La cantidad de autos intentando entrar de regreso a la capital es inhumana. Asumiendo que la triste condición de pasajero en un embotellamiento vehicular tenga algo de humano, es decir: ¿nacimos para desperdiciar la vida atascados en trabajosos traslados?

No me da tiempo de meditar una respuesta, en las pantallas empieza “Pacific Rim”.

“Titanes del Pacífico”, reza contundentemente una voz en español salida desde el canal 5 de mi infancia.

Recuerdo que esa película me emocionó cuando la vi en cine. Recuerdo que toda vez que trata de robots peleando contra monstruos es buenísima. En cambio, los dramas humanos son una cochinada superficialmente desarrollada. También recuerdo que hay una escena en donde el protagonista y la oriental de las mechas se seducen en un duelo con palos de madera. Agh. De verdad, a Guillermo del Toro le urge madurar.

Vivimos épocas vertiginosas. Nada conserva su significado tanto rato. Todo encuentra su destino histórico demasiado a las carreras.

Ejemplifico:

Hace unos diez años todo mundo estaba vuelto loco tratando de darle seguimiento a la serie Lost. Era el tema de conversación de la tribu. La serie terminó y dudo que alguien la pueda resumir en un párrafo. A nadie le interesaba ya la resolución de tan enredado mamotreto. Hoy en día, Lost se transmite por la mañana y en español. En español para que las amas de casa puedan hacer el quehacer sin distraerse leyendo subtítulos. En esto no hay juicio de mi parte, simplemente así es.

A Pacific Rim en la temblorosa pantallita del camión le pasa lo mismo. No es emocionante, ni interesante y la mayoría de los diálogos son tan inhumanos como el lento avanzar de los chilangos de vuelta a nuestros respectivos rediles.

Mi padre compra películas pirata a cuatro pesos en Tepito. Casi siempre, de cada cinco que compra, una no funciona o está videograbada con siluetas de gente encontrando su lugar en la sala. Es simpático. Apenas la semana pasada mi padre me obsequió “Boyhood”. A esa película le agarré mala onda cuando me enteré que principiaba con una rola de Coldplay. La veré, sin duda, pero rara vez mis prejuicios están mal encaminados. Estoy seguro de que se tratará de una gringada. Doce años se tardó el director en filmar esa historia. De a cuatro pesos el dvd. No le sale a Linklater. No le sale.

Acaba “Pacific Rim”, estamos llegando pero aún no llegamos a la ciudad de México. Pasan un video de Daft Punk (¿uh?) y luego un documental acerca de mujeres africanas que amamantan gacelas (¿¿uh??).

Miro a Viera, mi novia, le digo que me da miedo ser olvidado en vida. Ella me abraza. No estoy tan sólo en el mundo arriba de este camión ADO.

Cuando estamos ingresando a la terminal de camiones de Taxqueña, en las teles, empiezan los créditos iniciales de la reciente versión fílmica de “El Gran Gatsby”.

Destino histórico, baby.

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