Por: Alejandra Chii / @alechii

Conseguí mudarme con dos amigos, una pareja de punks que tenían una recámara en renta pero al no tener mucho dinero, trabajaría con ellos haciendo contenido para su revista digital en lo que encontraba un departamento sólo para mí y que no tuviera que compartir con gente extraña. El departamento estaba lleno de gente todo el tiempo y así conocí a un chico lleno de tatuajes y perforaciones con el que empecé a salir. Cuando cumplimos dos semanas de novios me regaló una perforación. Ya había traído una en la nariz en mis años de estudiante pero me la quité cuando empecé a trabajar y ahora necesitaba que no se viera. Me convenció de perforarme el pezón, a fin, ahí no habría problema y me pidió que confiara en él para hacérmelo en el mismo lugar al que había ido a hacerse las suyas. Subí a su coche, era sábado y eran las 16:30, para las 17:30 apenas estábamos llegando a nuestro destino: el mercado de Coapa. Jamás había estado tan lejos de la ciudad y de mi zona de confort para hacer cosas tan fuera de lugar. Entramos al mercado, me dijo que no estaba mal, que se trataba de un local.

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Cuando llegamos el dueño no estaba pero estaba su asistente, al parecer, el dueño y quien realizaba los trabajos difíciles ya no regresaría así que podíamos ir cualquier otro fin de semana o hacerlo ahí, con el asistente primerizo. Era obvio que lo haría en ese momento, no quería regresar tan lejos, ni siquiera hubiera regresado, me habría arrepentido al salir de ahí. Pasamos atrás de la lona morada y me senté en un tipo camilla que estaba bastante dura. Me quité el brassier y casi me desmayo cuando vi la aguja, no sentí cuando pasaba pero no salía y tampoco me dolía. Cuando por fin salió la aguja, tenía que elegir el arete pero para mi sorpresa y como premio por no haber preguntado antes, sólo quedaba una pieza y era más grande pero lo peor no era que me quedara media pieza volando sino que era rosa, rosa pastel. Tenía que usarla o la perfo cerraría al instante así que mi novio de dos semanas pagó $250 pesos por su regalo y nos fuimos. Hicimos horas a Santa Fe para el bautizo de su prima. Cuando llegamos me empezó el dolor y no nos quedó más que pedirle hielos a su mamá. Mi blusa estaba mojada y la gente pensaba que me daba pena y por eso me tapaba, nadie imaginó que tenía recién perforado un pezón. Desde entonces parece que siempre tengo frío, sólo de un lado.

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