Por Vivi Herrera / Ipso Facto

Tomar el Movimiento Estudiantil y la masacre del 2 de octubre de 1968 como un punto de referencia en el cambio de las dinámicas artísticas no es lugar común. Dentro de un clima de intolerancia y represión, fueron los artistas quienes también cuestionaron al régimen por medio de su obra. Dentro de este contexto, se encontraba Judith Reyes, quien rescató el corrido para darle un giro lleno de discrepancia y denuncia.

Originaria de Ciudad Madero, Tamaulipas, Judith nació el 22 de marzo de 1924. A los 14 años comenzó a cantar para sobrevivir. Lo hizo en el Teatro de los Alijadores, de Tampico, y posteriormente se volvió parte de los grupos itinerantes de variedades musicales que recorrían los campos petroleros de su estado natal.

Tiempo después, se adentró en la composición y venta de sus canciones a distintos intérpretes mexicanos, entre ellos Jorge Negrete. También empezó a cantar en la XEW y en la XEQ en programas de 15 minutos de duración, por los que recibía un pago de cinco y dos pesos en cada estación, respectivamente.

Con la muerte de Jorge Negrete en 1952, Judith dejó de producir comercialmente. En esa época, se introduce al periodismo al fundar el periódico crítico Acción, del cual también fue directora. En 1958, con la fundación del Frente Electoral del Pueblo por Ramón Danzós Palomino, activista comunista, decidió lanzarse como candidata a senadora por ese partido.

En realidad, la vida política de la cantante se encontraba, en un inicio, en su oficio de periodista. En sus viajes a Chihuahua, conoció la vida de obreros y campesinos, y las injusticias que eran cometidas en contra de estos trabajadores. En una caravana de campesinado de Ciudad Madero, prometió a un jornalero escribir sobre sus problemas. Así fue como se decidió por el género de la canción de protesta en su composición.

A principios de la década de 1960, Judith Reyes recorrió los campos y las sierras de los estados de Chihuahua y Guerrero, llevaba su música a todas partes, sobre todo a escuelas rurales. En la letra de sus canciones, ella no habla desde su postura, sino que asume el papel del campesino para darle voz, como se puede escuchar en ‘Rebeldía Rural’: Cuando invadí latifundios, me echaron los federales, y a punta de bayoneta me vaciaron los morrales. Luego fui caravanero descalzo en la carretera con cientos de compañeros solicitantes de tierra. 

Debido a las críticas que realizó a los caciques y malos gobernantes, Reyes fue desterrada de esa región. En 1963, se presentó en la Ciudad de México, en recintos como la Academia de San Carlos, la Escuela de Agricultura de Chapingo, en auditorios del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Nacional Autónoma de México. Esto le permitió acercarse a los movimientos estudiantiles que se estaban gestando.

Entre las composiciones de este tiempo, en el cual Judith estuvo cercana a los estudiantes y al ser testimonio de los abusos del sistema político hacia la población en general, escribió piezas como ‘Corrido de los combates del Politécnico’, ‘Corrido a Díaz Ordaz’, ‘Corrido de la ocupación militar de la Universidad’, ‘Corrido de la represión estudiantil del 26 de julio’ .

En los días siguientes al dos de octubre de 1968, inmortalizó el suceso con ‘La tragedia de la Plaza de las Tres Culturas’, en el cual menciona a personajes como la periodista italiana Oriana Falacci: El dos de octubre llegamos todos pacíficamente a un mitin en Tlatelolco, quince mil en la corriente. Año del 68, que pena me da acordarme. La plaza estaba repleta como a las seis de la tarde… De pronto rayan el cielo cuatro luces de bengala y aparecen muchos hombres, guante blanco y mala cara.

Para 1969, debido a la denuncia que realizaba por medio de sus composiciones, Judith fue secuestrada. Estuvo tres semanas desaparecida. A su liberación, decidió exiliarse en Europa, lugar a donde llevó su trabajo. Se presentó en países como Francia e Italia. Después se dedicó a la historia, dejó tres obras en las que relata sus anécdotas de lucha y protesta en contra del régimen político mexicano. Finalmente, falleció el 27 de diciembre de 1988, a los 64 años, víctima de un infarto. 

El trabajo de la compositora le dio una segunda vida al corrido como el género de testimonio y revolucionario que fue en un inicio. En Europa se le conoció como “artista y militante” y fue una representante de la canción política Latinoamericana. Y, como afirma Theodor Adorno en Filosofía de la Nueva Música, “no todos los trabajos musicales son posibles en todos los tiempos”. La música de Judith Reyes fue posible gracias a la época de derrotas, pero también de transición que representó la década de 1960.

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