Por La Merraca

Para mí escribir es una tortura, es un masoquismo necesario, porque también tengo el deseo de escribir. Sé la tortura que es pero no puedo reprimir el deseo de hacerlo.

―Josefina Vicens

En la literatura mexicana sólo es conocida por dos novelas publicadas en momentos decisivos del contexto histórico en el que vivió la escritora. Su caso es muy parecido al de los escritores Juan Rulfo, Xavier Villaurrutia y José Gorostiza.

Los cuatro tienen en común una obra pequeña de tamaño pero muy vasta de contenido; asimismo, los cuatro autores son muy importantes para las letras mexicanas por haber influido en el desarrollo de otros escritores y en la literatura. El caso aludido es el de Josefina Vicens.

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Sus novelas El libro vacío (1958) y Los años falsos (1982) marcaron un avance muy importante para la literatura mexicana, ya que modificaron el estilo de la escritura de aquella época cuando los efectos de la Revolución Mexicana ya estaban en una etapa “constructiva”.

La modificación que hizo Josefina Vicens en el estilo literario fue no sólo recordar el pasado y describir el comportamiento de la sociedad; su estilo fue mucho más completo: sin dejar de aludir el importante pasado de los mexicanos, creó los personajes José García y Luis Alfonso con una descripción de lo que fue en la década de los cincuenta.

La trayectoria literaria de la escritora se encuentra rodeada de procesos históricos cruciales, empezando por el año en que nació, 1911, en Villahermosa, Tabasco. Desde pequeña fue la más “despierta” de sus hermanas y, desde entonces, sus padres le decían: “Ay, mi hijita, tú acabarás en la cárcel”. Siempre le interesaron los estudios pero no pudo concluirlos. Al terminar la primaria estudió una carrera de comercio y, posteriormente, comenzó a trabajar.

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Su primer trabajo lo obtuvo a los catorce años como taquígrafa mecanógrafa en Transportes México-Puebla; de ahí la apodaron “La Peque”, por ser la empleada más joven. A partir de dicho empleo, Josefina Vicens se desarrolló rápidamente en la burocracia, también fue reportera del suplemento Torerías del periódico Excélsior y guionista en el Sindicato de la Producción Cinematográfica.

La doble vida que llevaba Josefina Vicens con las instituciones gubernamentales y la literatura, fueron un motivo de diversión para jugar con su personalidad al cambiarse el nombre: “En el Departamento Agrario había una enojosa costumbre burocrática: cada mañana al llegar tenía que firmar un enorme rollo de papel, y poner además mi nombre y el número de la credencial, para después marcar las horas de llegada o de salida. La diaria repetición del nombre me llegó a ser tan insoportable que comencé a cambiarlo; dejaba el número, y en la línea correspondiente escribía: Tolstoi, María Antonieta, Ana Karenina, Felipe II, León XII, Napoleón…”, decía la escritora.

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Después su nombre tuvo que cambiar por seudónimos. La escritora tabasqueña, con sus amigos y compañeros de trabajo fue “La Peque”; en el ámbito del periodismo fue “Diógenes García”; en la tauromaquia fue “Pepe Faroles”, y en la literatura, Josefina Vicens.

Ganadora del Premio Xavier Villaurrutia en 1958―mismo año en que se publicó El libro vacío―, Josefina Vicens obtuvo el reconocimiento por la temática que propuso para la literatura mexicana, fue la tercer escritora en obtener el premio con su primer libro y fue la primer mujer escritora en ganarlo.

 

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