La fiebre del festival de cine en México

Alfonso Blanco

El presente texto es una pequeña reflexión sobre el estado de exhibición y producción que enfrenta una ciudad de provincia como Pachuca. La capital hidalguense no se encuentra a más de hora y media de la Ciudad de México y las diferencias en la oferta cultural son abismales.

Se pueden contabilizar 255 horarios el día de hoy en los complejos cinematográficos de Pachuca. Dos empresas se dividen seis multicines donde se exhibe la cartelera comercial en la ciudad. La oferta de la cartelera está compuesta por trece películas que se dividen los más de doscientos horarios. De ese número de obras cinematográficas, sólo dos fueron producidas en México: ¿Qué culpa tiene el niño? (2016) de Gustavo Loza y La niña de la mina (2016) de Jorge Eduardo Ramírez. El largometraje interpretado por Karla Souza se estrenó en la cartelera mexicana el 13 de mayo y sobrevive hasta el día de hoy. Este tipo de producciones mexicanas – podemos agregar Nosotros los Nobles (2013) o No se aceptan devoluciones (2013)- se han alejado completamente de la realidad a la que se enfrenta la mayoría de las obras nacionales.

Estos datos señalan que en un día como hoy, el cine mexicano sólo ocupa el 6.6% de los horarios en la cartelera comercial, contra el 43% de La era de Hielo 5: Choque de Mundos (2016). Esta comparación de porcentajes ha llegado a otros niveles, en diciembre del 2015 Los juegos del hambre alcanzó una cifra del 71% de ocupación de salas en la capital hidalguense.

Producción de cine mexicano

Se está haciendo cine en México como en pocas etapas de la cinematografía nacional se había visto. Se produjeron 140 películas en el 2015 –diez más que en el 2014-. Se realiza mucho cine en México, pero las obras no están llegando a los espectadores que asisten a las salas, ya lo señaló Paul Leduc en la pasada entrega del Ariel.

Según el Anuario Estadístico de Cine Mexicano del 2015, publicado por el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), existen 87 salas en el Estado de Hidalgo. De las más de 130 películas producidas en México, sólo se proyectaron 32 en el estado² – a nivel nacional se estrenaron 80 largometrajes-. Son pocas las películas que pueden ser estrenadas y el alcance que tienen sólo se registra en las grandes ciudades del país.

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El cineclub

Del otro lado de la industria de exhibición hay una infraestructura de proyección, donde caben las salas independientes y los cineclubes. El anuario del IMCINE señaló una sola sala en todo el territorio hidalguense en su edición del 2014: la Biblioteca Central Ricardo Garibay. Para el 2015 mencionan que existen 12 cineclubes en el estado. Los autores del anuario reconocen la dificultad de llevar a cabo un registro correspondiente a este apartado. Exponen criterios como la periodicidad de proyección, donde el cineclub debe de proyectar al menos una vez a la semana para ser incluido en el conteo.

Los espacios de proyección existen en Pachuca. La programación es abierta e incluyente con diversos temas y cinematografías de otras latitudes. Sin embargo, hasta el momento no existe un espacio que programe más de una vez a la semana y algunos se ven interrumpidos a lo largo del año. El ejemplo con más años de vida y con la mejor infraestructura de la ciudad es el cineclub del Romo de Vivar. Por otro lado, la programación que ahí se proyecta es orquestada por instancias – IMCINE y Cineteca Nacional-, ajenas a la situación que vive Pachuca como ciudad de provincia: alejada del abanico que tiene la capital del país.

Recordemos que en la historia reciente de los dos eventos más importantes de la Cineteca Nacional, Pachuca no ha podido presenciar la selección que la 56, 57 y 59 Muestra Internacional y el 34 Foro Internacional preparan para llevar a gran parte del país ¿Desinterés por parte del CECULTAH o falta de fondos para la proyección de cine de alta calidad?

La Semana de Cine Mexicano, que llegó al Romo de Vivar por primera vez el año pasado, se encargó de traer a Pachuca una selección de obras que nunca habrían podido verse en ningún espacio. Asimismo, se proyectaron cuatro películas que ya habían sido vistas en salas comerciales de la ciudad: Ilusión Nacional (Olallo Rubio, 2014), La leyenda de las momias de Guanajuato (Alberto Rodríguez, 2014), Amor de mis amores (Manolo Caro, 2014) y Visitantes (Acán Coen, 2014); obras que superan las más de 400 copias y que no representan un estado general de la salud del cine mexicano en materia de exhibición. Este año se llevó a cabo a finales de marzo la segunda edición, pero algunas actividades se vieron canceladas por cuestiones climáticas. Llegó a Pachuca la Semana de Cine Mexicano, en otro intento por acercar a la población mexicano al cine nacional. Sí, la programación de la Semana fue incluyente al abarcar diversos públicos, pero al mismo tiempo hay un cúmulo de obras mexicanas, sin estreno comercial, que no están llegando a la ciudad y que bien podrían haber sido incluidas.

Lo que está sucediendo en Tulancingo en materia del séptimo arte es de reconocerse. La ciudad hidalguense es la primera urbe a nivel nacional que sin ser capital de un estado cuenta con una cineteca. La Cineteca Tulancingo es un espacio donde se exhibe cine mexicano, donde la población está en contacto con talento y donde se puede ver cine de otras latitudes. Hasta el momento han logrado colaborar con eventos consolidados como el Tour de Cine Francés y también han emprendido acciones para generar su propia programación. Prueba de ello es el reconocimiento oficial por parte del IMCINE, al incluir al Tulancingo Cine Festival en su Anuario Estadístico. La Cineteca ha funcionado bien, en el 2014 asistieron 4 mil 300 a los 16 días de festival y los materiales que se proyectan son de gran calidad. Un punto a mejorar es la difusión del espacio, ya que es muy complicado conocer la cartelera o poder contactar por internet a los organizadores si no se vive en la ciudad.

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Otro espacio que pretende proyectar cine para un público diverso es el cineclub itinerante Proyector Nómada. En sus escasos tres meses de vida ha optado por traer a la ciudad estrenos como El abrazo de la serpiente (2015), Las elegidas (2015) o Lamb (2015). Una de las cuestiones que tiene por resolver este proyecto es encontrar fondos para incrementar su número de proyecciones al mes y subir la calidad tecnológica de sus funciones. Los cineclubes, al ser espacios independientes la mayoría de las ocasiones, deben de contar con un modelo sustentable, un apoyo privado ó gubernamental que los respalde, sólo de esta forma podan ser efectivas soluciones a la cartelera comercial.

Tomando en cuenta los ejemplos anteriores, ¿por qué no apostar por un espacio que proyecte más de una vez a la semana?, ¿por qué no incluir y propiciar un espacio donde se pueda justificar lo que se proyecta? Es cierto que los cineclubes no son un escaparate para el reconocimiento político, prueba de ello son los lugares donde siempre han existido: universidades, museos, centros comunitarios; pero es ahí donde se crea público, donde se contagia la labor de difundir el cine en todas sus expresiones.

Fiebre festivalera

La construcción de públicos en el cine es una labor que cuesta tiempo y los resultados no llegan de inmediato. Como ejemplo podemos mencionar al Festival Internacional de Cine en Guadalajara, uno de los festivales de cine más importantes de México. El FICG tuvo que acumular 19 ediciones para llamarse “Festival”. Llevó a cabo un proceso lógico que se han saltado muchos estados del país por contagiarse de la fiebre festivalera: iniciar como una selección demostrativa de la producción nacional que no encontraba espacios en la cartelera comercial, para así, crear un público asiduo y una economía que logró consolidar al que después llamarían “Festival Internacional”.

Y no es que el llamarse “Festival” sea un mérito que se deba de alcanzar, ya que no es el fin último de la labor de difusión cinematográfica, pero hay un orden para que las cosas funcionen. Se inicia con espacios de proyección, la periodicidad es importante; después viene un recinto que junta y organiza a los pequeños espacios, dota de material y apoya a las pequeñas entidades a donde no llega el cine; por inercia se empiezan a abrir seminarios, talleres en materia de realización cinematográfica y hasta escuelas que impulsan a la creación de películas. El motor comienza a funcionar y llegan frutos. El estado se convierte en semillero de producción y es ahí donde se puede impulsar un evento fílmico de gran envergadura, donde el apoyo de instituciones gubernamentales, las empresas privadas y la organización de la ciudadanía, perfilen al evento como un referente nacional y hasta internacional. La derrama económica que genera un festival de cine fortalece al estado e impulsa el turismo nacional e internacional, pero al final del evento, el patrimonio fílmico que se genera y se exhibe es la verdadera remuneración.

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Festivales de cine en Hidalgo

En el 2015, EL IMCINE registró 119 festivales cinematográficos en el territorio nacional. Prácticamente todos los estados tienen una muestra o festival de cine –a excepción de Nayarit-. De acuerdo al Anuario, en Hidalgo existen dos: el Festival Nacional de Cortometrajes de Pachuca y el Tulancingo Cine Festival. Ante tal número de eventos cinematográficos, surge la pregunta ¿por qué crear más festivales?

Hay diversos factores para programar, si es un festival de género o sobre temas de minorías, si es un festival de cine mexicano, iberoamericano o si ha dado el salto al plano internacional. En Hidalgo se ha apostado por abrir festivales de cortometrajes, uno con miras a la producción estudiantil de la región (Festival Nacional de Cortometrajes de Pachuca) y otro con la apuesta de presentar producciones de otros países (Pachuca Film & Short Fest). En México se produjeron 453 cortometrajes en el 2015³, 82 menos que en el 2014. En la tabla que divide a los estados por la cantidad de cortos producidos, Hidalgo tiene una obra reconocida por los autores del Anuario Estadístico. Parece que la producción de materiales audiovisuales en la región no está dando el paso al terreno reconocido por el IMCINE. El proceso se ha acelerado y la frase “Porque el cine está en Hidalgo”, que generó el Pachuca Film & Short Fest no cuadra del todo.

Los criterios de programación en este par de festivales no son claros. Debe de haber un proceso meticuloso en la selección de obras para que el espectador construya puentes con lo que ve en la pantalla. No es suficiente programar de acuerdo a subgéneros, se tienen que buscar puntos en común que generen una reflexión. Para que el público se pueda acercar a estos eventos debe de existir un programa rico en contenido visual e informativo de los cortometrajes a proyectar y debe de ser lanzado con antelación a las fechas del evento.

La premiación es otro aspecto a considerar en un festival, y es ahí donde los recursos económicos se ponen en marcha. El festival de cine debe de apostar por ir más allá de proyectar obras consolidadas y generar contenido propio. Ahí están los esfuerzos llamados work in progress que han impulsado diversos festivales nacionales, pero para apostar por ese terreno pasaron varias ediciones y mucho trabajo. Al final el esfuerzo rinde frutos y vemos a estados como Michoacán o Guanajuato presentando cortometrajes y largometrajes en sus festivales.

La llegada de eventos consolidados a Pachuca como DocsDF o la Gira de Documentales de Ambulante, es un síntoma de que en la ciudad hay un público que busca espacios y como alternativas a la cartelera comercial de la ciudad, funcionan. Sin embargo, es momento para aprovechar los públicos y junto a ellos crear un espacio coherente y comprometido con la cinefilia, pero por sobre todo, con la creación de una mirada crítica y reflexiva, que con el tiempo de cabida a un músculo creador de obras, mismo que demandará espacios que sirvan para llegar al público.

¹. El registro de la cartelera se hizo en seis cines de la ciudad de Pachuca. Las películas y los horarios fueron consultados en la programación en línea de Cinépolis y Cinemex.

², ³. Datos obtenidos de Anuario Estadístico de Cine Mexicano 2015 (IMCINE)

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