Por: Verónica Páez

La mirada femenina y surrealista del siglo XX se hace presente en las salas del Museo de Arte Moderno (MAM). Por primera vez se expone en el país una retrospectiva de la fotógrafa estadounidense Lee Miller, quien comenzó su carrera como modelo y, años después, pudo encontrarse con su verdadera vocación, la fotografía, profesión que la llevó al éxito con su trabajo comercial, y a lugares inhóspitos en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial.

Lee-Miller-looking-down-at-Agneta-Fisher-Paris-1932

Nacida en 1907, su belleza y ser salvada por el propietario de las revistas Vanity Fair y Vogue la acercaron al modelaje y a las cámaras. Sin embargo, al conocer en Francia a Man Ray experimentó la pasión y el goce por hacer fotografía, ella se caracterizó por retomar la técnica de la solarización, una mayor exposición del negativo a la luz.

El MAM narra en la exposición la carrera de Miller como modelo, su desarrollo hasta ser fotógrafa reconocida, las amistades de la vida artística como Pablo Picasso, a quien retrató algunas veces, Paul Eluard y Jean Cocteau, con este último participó en su película La sangre del poeta. Aunque en sus inicios comerciales no manifestaba su influencia artística, el surrealismo, con el tiempo su madurez le permitió mezclarlos y acercarse a su entorno, además de enfocar su postura ante la vida. Lee Miller fue quien capturó <<Lo insólito y perturbador>>, según menciona el curador de la exposición Steffan Van Raay.

Lee-Miller-picasso1

Para 1934 se casó y vivió en Egipto, el lugar la indujo a experimentar con el espacio y la perspectiva como en su fotografía Desde la cima, la sombra de una de las grandes pirámides egipcias sobre las pequeñas casas de los habitantes, una metáfora de la presencia de los faraones sobre el pueblo. Al volver a Inglaterra conoció a su último amor Roland Penrose. La insatisfacción laboral de Miller alimentó el deseo de retratar la vida e importancia de las mujeres en la guerra.

La Segunda Guerra Mundial le permitió hacer reportajes fotográficos y escritos sobre las enfermeras y los hospitales para Vogue; profundizó en las atrocidades provocadas por el conflicto, vivió situaciones límite, aunque en ocasiones no contaba con el lente necesario. Su trabajo tomó gran importancia e incluso a su regreso, en 1946, fue considerada una heroína por la revista, aunque a ella ya vivía la desilusión y efecto de la guerra.

Lee Miller, SS Prison Guard, Buchenwald, 1945- this guard in civilian disguise had been recognised by ex-prisoners, beaten up, and brought back to the camp jail.-733556

Su trabajo confronta a quienes miran las imágenes a un momento de la historia, donde la crueldad del ser humano se evidencia con fotos como la liberación de los campos de concentración, la vida que siguió en las grandes ciudades como París, las ruinas físicas y los edificios, los guardias torturadores, fotografías en la bañera de Hitler, los restos humanos en hornos; horrores que perturbaron su ánimo y su visión ante la vida.

La obra que se puede contemplar en el MAM fue conservada gracias a Antony Penrose, hijo de Lee Miller, pues ella dejó su profesión poco tiempo después de estar embarazada, su última publicación de 1953 también se expone en la sala del recinto.

lee miller fire masks

Lee Miller_IC5

tumblr_nkk39uosUz1trpk2lo1_1280

5_US soldiers examine a rail truck loaded with dead prisoners, Dachau, Germany, 1945, 76-15

static1.squarespace

Facebook Comments
Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Email this to someone