Alejandro Romero @noromero

Acelerado, como un auto que ha quedado sin frenos y estrellarse sería un golpe de suerte para poder parar.

Las sociedades actuales, a nivel global, sea cual fuese su realidad, viven a una rapidez vertiginosa, una constante de cambios que apenas y les permite asimilar el tiempo en el que habitan. Sin importar en qué latitud geográfica, por recóndita que sea, se asienten los grupos humanos, la tecnología, en sus diferentes manifestaciones ha presentado impactos revolucionarios capaces de transformar las lógicas culturales, económicas, políticas, y medioambientales de la sociedad. Las manifestaciones tecnológicas se han posicionado en la vida diaria en todo el mundo, por lo que pensar estar fuera de ello es una idea plenamente utópica.

En una charla previa a Mutek, pude platicar con The Sight Below acerca de la realidad contemporánea de la música electrónica, pensando en ésta como una manifestación puramente de nuestra época, aunque evidentemente haya aparecido hace más de cinco décadas atrás. La perspectiva de el hombre detrás de The Sight Below, proyecto perteneciente al catálogo de Ghostly, fue muy elocuente respecto a que en definitiva la música, en todas sus variantes, es un reflejo del sentir social, por lo que en la actualidad la música electrónica se ha convertido en un símbolo de la realidad mundial, a pesar de su diferentes géneros y ritmos, es un elemento que ha sido adoptado por toda clase de personas, de edades y géneros muy diferentes.

Mutek, como idea, es grande en sí mismo, pero como realidad sobrepasa cualquier expectativa. Un proyecto que pareciera que fue pensado para describir la realidad de un futuro próximo sin la necesidad de recurrir a las letras: comunicación a partir de sonidos hechos por máquinas capaces de hacernos comprender nuevas realidades. Desde su origen, en el año dos mil, en Montreal Canadá, Mutek se ha convertido en un referente en cuanto a las vanguardias musicales y visuales, sin embargo también ha logrado ser un evento cultural que en definitiva a tenido un impacto interesante en la sociedad, pues además de ser un vitrina para nuevos creadores, también se ha consolidado como un ejercicio capaz de transgredir al tiempo a partir de la manera como plantea sus actividades.

Para esta edición, los organizadores de Mutek México le dieron un giro a la organización de cada uno de sus programas, ya que a pesar de que locaciones como el Foto Museo de Cuatro Caminos que, durante los años más recientes, sirvió a la perfección como un sitio moderno que propuso explorar otras zonas de la ciudad con arquitectura conceptual, este año Mutek prefirió usar como sedes algo más a fin a los orígenes de la escena europea de la música electrónica que significó todo un emblema en las últimas dos décadas del siglo pasado: una fábrica de acero a las afueras de la Ciudad, en el municipio de Tlalnepantla, Estado de México. Un escenario con un peso importante para reflexionar acerca de la escena cultural por la que atraviesa la ciudad, pero también una imagen que habla del apego por los espacios no convencionales que en los últimos años han tenido una regresión de la mano de la música electrónica.

Resulta interesante observar cómo es que un fenómeno artístico, por ende cultural, refuerza una lógica de pensamiento y de sentires, una serie de actos musicales y visuales que dicen mucho de los tiempos que vivimos: personas en su mayoría vestidas en tonos oscuros, ya sea por elegancia o solemnidad, jóvenes que hacen de sí un ejercicio de su naturalidad rompiendo toda clase de moldes, un lapso de tiempo en donde la atención está dirigida a pensar en un presente multiforme, con realidades virtuales capaces de modificar los conceptos que durante mucho tiempo imperaron.



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