Peter-Jackson-and-the-cast-on-set-in-The-Hobbit-An-Unexpected-Journey1

Por Gonzalo Lira/ @gonyz

Hace pocos días, en el marco del Festival de Cine Mórbido, en Pátzcuaro, tuve la oportunidad de entrevistar al actor Elijah Wood. Una de las cosas que más puntualizó Elijah aquel día es lo difícil que resultó darle un nuevo giro a su carrera después del éxito de la trilogía de Lord Of The Rings (El Señor de los Anillos), así como lo satisfecho que está de que este giro lo haya acercado a trabajos más personales y de bajo perfil. Peter Jackson, el cineasta detrás de la trilogía ya mencionada, parece no pensar igual que su otrora actor estelar.

La filmografía de Jackson se caracterizó, en su etapa pre LOTR (Lord Of The Rings) por filmes de bajísimo presupuesto, llenos de gore y un humor muy torcido. Películas como Dead Alive, Bad Taste o Meet the Feebles tienen el estatus de culto en muchos círculos de cinéfilos “under”, “alternativos” o el adjetivo de su preferencia. Más adelante, con Heavenly Creatures, Jackson mostró un lado más “artístico” que incluso le costó una senda nominación al Oscar (mejor guión) y, de forma inevitable, el acceso al mundo de Hollywood. Ya instalado en la cumbre del cine mundial, tuvo el poco valorado acierto de dirigir la maravillosa The Frighteners (una de las últimas películas de Michael J. Fox), manteniendo en cierta medida el humor y el factor de “rareza” que antes lo caracterizó. De repente, de la noche a la mañana, Peter Jackson ya era un gran nombre en Hollywood y había conseguido llevar los famosos libros de Tolkien a la pantalla.

Lo que siguió fue un éxito sin precedentes. Las películas (filmadas de corrido durante tres años, aunque lanzadas por separado) llegaron a romper récords en taquilla y arrasar en los premios Oscar de 2004, ganando 11 estatuillas por mejor película, director y guion adaptado, entre otras. Todo el mundo amaba a Peter Jackson quien, desafortunadamente tuvo dos tropiezos posteriores: King Kong y The Lovely Bones.

Habiendo probado el trago amargo del fracaso, Jackson hizo lo que a muchos les parecía el paso natural, aunque a pocos nos parecía lo más sensato. Es así que se anunció el rodaje de El Hobbit, adaptación del libro que sirve de precuela a la trilogía LOTR. El libro, se anunció, se dividiría en tres (innecesarias) películas. El resultado de la primera y, dicho sea de paso, de la segunda también, es un ejercicio de necedad por parte del director y el estudio. La trilogía que antecedió tenía sentido al tratarse de la adaptación de tres libros a los que incluso así, dicen quienes saben, les faltan pasajes importantes (incluso en versiones extendidas).

En el caso del Hobbit, la primera parte sirvió como una larguísima y lenta (casi tres horas) introducción a un mundo que (ahí sí, en mi caso muy personal) no despiertan el mínimo interés. Se trata de un universo que ya conocemos y ha perdido el factor de sorpresa. Incluso los paisajes (hermosamente fotografiados, eso sí) se sienten repetitivos y forzados. ¿Por qué necesitamos ver el principio de una historia cuyo clímax ya atestiguamos hace tantos años? ¿Por qué es necesario puntualizar cuando, en el pasado, una visión más general nos valió para entender algo que, finalmente, no tiene más interés o relevancia que el de cualquier otra historia de ficción?

En resumen, El Hobbit; La desolación de Smaug retoma la historia en donde la primera nos dejó. Bilbo Bolsón (Martin Freeman),  en conjunto con los trece enanos liderados por Thorin Escudo de Roble (Richard Armitage) continúan su búsqueda por recuperar sus tierras en la montaña de Erebor. Además, Bilbo debe lidiar con el descubrimiento de un misterioso anillo, sus poderes y las responsabilidades que estos conllevan. Es así que, después de haber cruzado de manera satisfactoria las Montañas Nubosas, Thorin  y compañía deben buscar apoyo antes de enfrentar los horrores del Bosque Mirkwood sin su mago, Gandalf. Juntos deberán de completar su viaje hasta las montañas solitarias, mientras que Bilbo deberá encontrar la puerta secreta que les dará acceso a la guarida de Smaug, el dragón (bostezo). En su camino se cruzarán con personajes nuevos así como viejos conocidos que regresan (aunque en realidad no “regresan” como tal pues se trata de una precuela… ¿me explico?). Uno de estos personajes es Legolas (Orlando Bloom detrás de kilos de maquillaje y horas de retoque digital) quien acompañado por Tauriel (Evangeline Lilly… guapa hasta con esas orejas) ayudarán a Bilbo, Thorin y compañía a completar su objetivo.

Para no evidenciar más mis múltiples complicaciones para entender (o interesarme por) la trama de El Hobbit; La desolación de Smaug, es necesario rendir honores a quienes los merecen. Peter Jackson tiene muy clara su visión y el manejo de estos personajes, a quienes ya ha hecho suyos. Si es cierto que considero innecesaria esta nueva trilogía (una película podría haber bastado y se consideraría como “lo justo” ante el éxito de las tres anteriores) vale la pena destacar lo que ya era evidente desde antes. La factura de las películas de Jackson es, sin duda, de primer nivel. La dirección de arte, el diseño de producción, la edición y la fotografía son de una calidad innegable. La película es un espectáculo… y más le vale (la trilogía ha costado, hasta ahora 561 millones de dls).

El problema de El Hobbit radica en si tiene o no necesidad de existir en la manera en que nos parecen querer obligar a creer que sí. No tiene nada de malo que el director vuelva al universo que lo catapultó (muchos lo hacen en mayor o menor medida) sino que el problema viene precisamente de la decepción que esto, considero, le adjudica a la figura de Jackson como artista. Es triste ver a un cineasta que antes era propositivo y atrevido perder las agallas que antes lo caracterizaron, instalándose en la comodidad de una franquicia que lo único que puede elevar es el número de ceros en su cuenta bancaria y no su calidad como narrador. Pareciera que las capacidades creativas de Jackson están en stand by o completamente perdidas. Es una lástima.

¿Dónde quedó el cineasta que lanzaba las tripas y la sangre de una abuela con una licuadora en Dead Alive? ¿Qué queda del hombre que nos presentó a los muppets más desagradables en los Feebles? ¿Será que nunca más veremos a Jackson dirigir un drama de las proporciones de Heavenly Creatures, con actrices como Kate Winslet? ¿Acaso jamás nos volverá a sorprender con una súper producción (que se vale) que nos cuente una de las muchas otras historias, ajenas a LOTR, dignas de ponerse en pantalla?

Este es un llamado al universo y los fans de Lord Of The Rings… ¡Queremos a Peter Jackson de vuelta!

*El Hobbit: La desolación de Smaug se estrena el viernes 13 de diciembre

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