Por Magdalena López Hernández / @_Hop_Frog_

Una mano se iza por sobre las mesas y el piso bicolor del Café La Habana. La mesera se acerca para atender al comensal; en su libreta, escribe la orden: un café con leche. Al tiempo que la mujer se aleja, Roberto Bolaño saca y enciende un cigarrillo mientras ve a la mesera alejarse por segunda vez. Sobre la mesa encuentra su café con leche, acompañado por un lápiz y un trozo de papel que le revelan el designio del mundo: escribe.

Nacido en Santiago de Chile el 28 de abril de 1953, Roberto Bolaño llegó a México a la edad de 15 años, donde atendió el llamado escribiendo como si respirara y cada exhalación quedó grabada en letras de oro. El Café La Habana, ubicado en la calle Bucarelli en el centro de la Ciudad de México, fue testigo de su toque de Midas. Lector apasionado y amante del cine y la televisión, Bolaño se construyó como cúspide, quizá no la más alta, pero sí encontró su lugar entre los altos con obras como Los detectives salvajes (1998), El Tercer Reich (2010), Estrella Distante (1996), entre otras.

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Sin embargo, tras el resplandor habita una sombra. Las letras que surgían de la voz de Bolaño eran un eco de pesimismo, el reflejo de su yo desencantado. En una narrativa que concilia la realidad del autor y la del personaje, los destellos autobiográficos se ocultan tras una ficción que revela un mundo en el que “no cabe ni siquiera el placer de la morbosa nostalgia. El pasado inmediato está marcado por la cruel realidad política chilena, la fidelidad a la memoria de Allende y el desencanto ante la izquierda latinoamericana: queda el vacío y la condición de exiliado, un exilio que se convierte también en exilio interior”[1]. Este último es el caso de cada uno de los personajes que protagonizan los trece relatos que recopila el libro Putas asesinas (2001), segundo libro de cuentos del escritor chileno.

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Todo inicia con un encuentro de exiliados en “El Ojo Silva”, que relata, más allá del reencuentro, la experiencia traumática que el personaje Ojo Silva vivió en la India, donde realizaba un reportaje gracias al cual descubrió un prostíbulo en el que los argumentos religiosos proveían a los clientes pedófilos. “Gómez Palacio” resulta ser un relato cuyo ritmo es marcado por el tono gris de aquel pueblo abandonado a mitad del desierto y por el tedio de su narrador, un docente que llega a Durango a impartir un taller literario. “Prefiguración de Lalo Cura” es el recuento minucioso que hace Lalo Cura (personaje que después aparecería en 2666) de las películas porno en las que participaron su madre y su tía; en este relato el recuerdo de la infancia queda socavado por un gemido familiar de morbosidad. “Putas asesinas”, cuento que le da el título al libro, revela la historia de un secuestro que se gestó a partir del sexo. En “Carnet de baile”, el autor ahonda en la obra de Pablo Neruda en un texto que se vuelve un collage de recuerdos, opiniones y voces conocidas. Sin embargo, como advirtió Roberto Bolaño a sus lectores al momento de la publicación de Putas asesinas, “no se hagan ninguna ilusión pornográfica”, pues eso no es lo que yace entre las páginas del libro.

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La recopilación es un ir y venir de situaciones marcadas por la sexualidad, los encuentros casuales y el homenaje a autores cercanos; no obstante, permanece una constante: el pasado político que da luz a una suerte de “frenesí existencial” que parece ahogar a los personajes en la angustia, el absurdo y el ansia de contar, padecimientos que sólo puede curar la casualidad.  A través de una narrativa ágil y sin prejuicios, el sexo se pinta como la entrada a un universo de vitalidad efímera, cuya salida es sólo un estado de desolación acrecentada para el que no existe una salida definitiva, sólo fugas esporádicas. De esta manera, los encuentros fortuitos fungen como refugio para esos que han sido exiliados de ellos mismos, razón por la cual se buscan con ímpetu y se viven con intensidad en la realidad sórdida y precaria que engloba Putas asesinas, donde lo que se busca no es el alivio carnal, sino la cura para la existencia nostálgica.

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[1] Masoliver, Juan Antonio. “Putas asesinas, de Roberto Bolaño” en Letras Libres. Recurso disponible en línea.

 

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