IMG_1654

Por Central Verde / @CentralVerde

Fotos de Juliette Cheanne

Después de recibir una densa dosis de  la Península de Nicoya, decidimos cruzarnos de regreso a lo que sería nuestra última playa del viaje: Jacó. Cuando llegamos no podíamos creerlo. Después de estar cinco días sumergidos en pura vegetación, poca gente y caminos recónditos, empezamos a ver como la carretera se llenaba de edificios tipo “Resort   Hotel”. Todo parecía una mezcla entre Cancún y Miami, y lo único que se hablaba era inglés.

Un poco frustrados nos dirigimos hacia nuestro hostal, donde el tipo que nos recibió nos quería hablar en inglés aunque nosotros le contestáramos en español, la mesera no entendía lo que le pedíamos de comer, alegando: “sorry, i don´t speak spanish”. Todo el pueblo (que tiene 4 km de largo de extensión) era un mini mall.

Salimos a la playa y vimos puros turistas con hieleras tomando cerveza. El contraste fue bastante abrumador, pero no por eso la pasamos mal. Dando un paseo, empezamos a notar que mucha gente estaba congregada en un mismo lugar. Se nos hizo muy raro y decidimos asomarnos, resultó que había un tortuguero con varios policías sacando tortugas recién nacidas, las cuales iban a regresar al mar. Fue increíble poder presenciar el nacimiento de todas ellas. Una vez más, aunque la playa pareciera Miami, la naturaleza es parte de la vida cotidiana de todos los ticos y cosas así suceden a la mitad del día en medio de todos.

En la noche empezamos a platicar con la gente del hostal y acabamos conociendo a dos encantadores canadienses de Alberta, que estaban casados y tenían varios hijos. El esposo trabajaba en una petrolera, por lo cual tuvimos pláticas muy interesantes sobre las refinerías, el procedimiento que siguen los canadienses y que aparentemente “no siguen los gringos” y lo que él opinaba sobre la reforma energética de México.

Al siguiente día decidimos seguir con nuestro camino hacia nuestra primera visita a una reserva natural llamada Manuel Antonio. Para esto tuvimos que viajar hacia un lugar que se llama Quepos y que tiene una extensión no mayor (según el mapa que vimos y lo que caminamos) de 8 cuadras.

Cuando llegamos a la reserva conocimos a nuestro guía Alvin, quien nos enseñaría con su telescopio algunos animales que no estaban a más de diez metros de distancia de nosotros, pero que por la densa vegetación no podíamos entender que estaban ahí.  Caminábamos un poco y Alvin nos decía “¡cuidado! Eso es hiedra venenosa”, “no toquen ese árbol, es tóxico para el ser humano”, “no se desvíen del sendero, es muy fácil perderse y pueden encontrarse con alguna serpiente, araña, mono o cualquier animal inimaginable”, “cuidado con las iguanas y los mapaches que les querrán quitar sus lentes y ver si tienen algo de comida”.  Eran muchas instrucciones, y eso que había un sendero marcado, íbamos con un guía especializado y había constante vigilancia, no puedo imaginarme lo que sería meterse a la selva sin toda esta ayuda.

Sobre la reserva Manuel Antonio: Es un área de conservación natural. Fue seleccionado por la Revista Forbes en 2011 entre la lista de los 12 parques más bellos del mundo. Tiene una extensión de 1,982 hectáreas en la parte terrestre y 55,000 hectáreas en la parte marina. Es un área dedicada a la conservación, investigación y turismo ecológico orientado hacia la educación ambiental.

Después de esta excelente experiencia nos dirigimos hacia las montañas para visitar un bosque nuboso en un área llamada Monte Verde.

Monte Verde es un pueblo tipo Valle de Bravo, donde estás todo el tiempo en subidas y bajadas y todo está en medio de la montaña. Sentimos que había mas frío pero en realidad estábamos a 20 grados centígrados y lo que hacía que se sintiera menos temperatura era la humedad y el aire que sopla a gran velocidad.

Algunos datos sobre Monte Verde: Está ubicado en la cordillera de Tilarán. Está en el número 14 de América en la lista de los 100 de Newsweek como “lugares para recordar antes de que desaparezcan” y se ha considerado como una de las siete maravillas de Costa Rica. Ha sido llamado por la National Geographic como “La joya de la corona de las reservas forestales de nubes”.

Un bosque nuboso, como dice su nombre, está a la altura de las nubes las cuales cubren el bosque de manera que lo mantienen con mucha humedad, dando pie a que crezcan numerosas especies de todo tipo.

La reserva es impresionante. Nuestro guía llamado Donald nos comentaba que podía haber más de 100 especies de plantas en un sólo tronco (por supuesto nosotros veíamos  menos). El viento puede soplar alrededor de 40 o 50 kilómetros por hora y millones de gotitas de agua están todo el tiempo sobre ti. Al final del recorrido parecíamos sopa y en la pequeña cafetería te ofrecen chocolate caliente y pie de plátano ¡yum!

También tuvimos la oportunidad de conocer algo que sólo los locales saben que está ahí. Un árbol de aproximadamente 200 años de edad y como 50 metros de largo. Sus mismas raíces van comiéndose el tronco dejándolo hueco y puedes subir por adentro, por medio de unos escalones naturales que forman las mismas raíces. De las mejores experiencias del viaje. Pudimos subir a ver como se veía el bosque a la altura de los mismos árboles.

Como último punto del viaje visitamos el Volcán Poás.  Está ubicado dentro del área de conservación de la Cordillera Volcánica Central. El cráter principal tiene 300 metros de profundidad y un diámetro de aproximadamente 1,7 km. Es el cráter tipo géiser más grande del mundo.Se conserva activo en la actualidad, con pequeñas emisiones de gases y una laguna ácida.

Tuvimos muchísima suerte de poder ver el cráter, ya nos habían dicho los del hostal que llevaba fácil una semana sin asomarse y sólo se veía una gran nube blanca en toda el área.  Fue impresionante ver la vegetación que hay alrededor, totalmente café o negra y casi sin vida si no fuera por el musgo que crece ahí. Parecía bosque encantado, podías imaginar ver salir al gato de Alicia en el país de las Maravillas fumando opio o un dementor para robarte el alma.

Definitivamente uno de los puntos más impresionantes de todo nuestro viaje. Nos quedamos observándolo horas, tratando de documentar y memorizar todo lo que pudimos, incluyendo la brisa de lluvia y el extraño olor que tiene un volcán.

Si algún día quieren hacer turismo ecológico y quieren conocer naturaleza, Costa Rica es su destino. Si son biólogos o especialistas en medio ambiente les encantará. Es totalmente un país donde el ser humano y la naturaleza conviven sin problema y donde todo es ¡Pura vida!

IMG_1729 IMG_1713    IMG_1530 IMG_1538 IMG_1525 IMG_1584 IMG_1629 IMG_1642 IMG_1468 DSCF0349 IMG_1604

Facebook Comments
Share on Facebook0Share on Google+0Tweet about this on Twitter0Email this to someone