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Texto y fotografías por: Los espíritus chocarreros

@romero_bar@el_fotoed

A todos aquellos que fueron timados,

para ustedes será el reino de los cielos.

Resulta fácil crear una imagen con base en lo acordado, en lo desconocido pero asegurado.  A lo esperado. Esperar que la otra mitad del trato cumpla su parte puede ser tan agobiante como excitante. Idealizar es un hecho ficticio, tan ambiguo como todo lo formulado en base a imágenes moldeadas por la razón individual. Una firma posee un carácter más real, valorado desde opuestos que asemejan una posible realidad, confiar en la palabra de un cuerpo vacío es como imaginar lo que podría ser antes de conocerlo.

Eclesiastés 1:9

Lo que fue, es lo que será, y lo que ha sido hecho, es lo mismo que se hará; y nada hay nuevo debajo del sol.

A últimas fechas el concepto de creación a como dé lugar ha cobrado un relevante significado entre la masa huérfana, solitaria, atemorizada y en busca de un ser que justifique su estancia. En medio de la cultura del emprededurismo, la gente tiene que justificar sus idas y venidas a eventos de gran magnitud. Ya no vamos sólo a conciertos sino que tenemos que ser consecuentes con la moral de los tiempos. Ser socialmente responsables, ecoamigables, pet friendly, holísticos. Esa es la tendencia vacía.

El pasado fin de semana Valle de Bravo, el “Gran Valle” como algunos lo conciben, fue escenario de dos festividades contrastantes en fundamentos y tradiciones, pero ambas muestra del gusto del mexicano por los síntomas de fiesta, aunque en su mayoría éstas no estén sustentadas bajo preceptos meramente genuinos.

 Las tonalidades del cielo se mostraban cambiantes. De un lado a otro el frío y el calor se paseaban inciertos. El centro del ahora Pueblo Mágico se mostraba abarrotado. Sus calles, invadidas por el ambulantaje y los productos chinos, eran transitadas por una lenta y constante peregrinación que mientras más avanzaba por las faldas del cerro, más se alejaba de la realidad del resto. Era el día del Cristo negro, la fiesta con más tradición de la Iglesia de Santa María. La imagen era inspiradora, la apariencia era la de una gran congregación dispuesta a ofrendar con su presencia y tiempo al patrón de la causa. Como si el simple hecho de saberse vivos bastara para el sacrificio.

El olor a pan de pueblo se hacía presente, las trompetas y tarolas sonaban en lo alto mientras un séquito de hombres empuñando machetes danzaba al interior de la iglesia, obedeciendo a un pastor que ocultaba su rostro bajo el látex de una máscara, su función: cuidar que el rebaño no se descarrile y en caso de que esto suceda ejecutar el castigo que flagele a la masa.

Del otro lado, justo en la punta de otro de los cerros, el Estadio Municipal servía como escenario para el UEI Festival, un proyecto que jamás dejó entrever su ambición precoz por destacar en la ya irritante fiebre de festivales que mes con mes satura las agendas capitalinas y nacionales. Su discurso pretencioso (chairoveganosustentable) sedujo a medios, talento y asistencia, que, como nosotros, sucumbió ante un cartel y una locación que posiblemente destacaría del resto. El intento se hizo sólo para confirmar más tarde que se trataba desde el inicio de un intento fallido. Un repentino cambio de hospedaje (en teoría nos alojaríamos en el mejor hotel de Valle de Bravo y acabamos en un changarro con tintes de casa de seguridad) fue el indicio que marcó nuestra tormentosa y penosa estadía.

Cruzamos la angosta puerta del hotel que supuestamente estaba apartado para nuestro equipo de cobertura. Entramos. Nada concordaba con lo idealizado por nuestras mentes. La estructura cimentada sobre columnas corroídas por el tiempo dejaba entrever el nulo mantenimiento. Sin importar, nos adentramos en la pequeña estancia de la habitación. Un par de camas, una matrimonial y otra individual,  eran el remplazo de lo acordado. No importó, realizamos un breve recorrido por el baño para cerciorarnos que todo estuviera en orden. Lo que encontramos fue lo siguiente: no hay jabón, sólo prende uno de los tres focos, una de las colchas tiene un par de manchas rojas deslavadas, la almohada aún tiene cabellos del último huésped y solo funciona una de las dos llaves de la regadera, la del agua fría. No importa, ya estamos aquí- fueron las palabras de uno de los integrantes del equipo. Era viernes y esto apenas comenzaba.

Abarrotado, el programa anunciaba durante el resto del fin de semana actividad nocturna en diferentes restaurantes y bares de la zona. Esto nunca llegó a concretarse y cuando pudo haber sido, la escasa asistencia lo dejó desolado. La noche de viernes fue igual de fría que la temperatura registrada por la abismal presencia de neblina, escenografía idónea para ilustrar la soledad del lugar.

Era sábado. El sol se mostraba a plenitud y el lago era un inmenso espejo de agua, como si reflejara la opacidad de las nubes y la de un futuro próximo para la productora del festival Gallo Loco y su representante y dueño, Estefano Bosco, quienes estaban cerca de estelarizar un sombrío y bochornoso episodio dentro de la festivalitis nacional actual. Con audiencia aproximada de 80 asistentes, las actividades del cartel principal dieron inicio. Desfilaron actos como I Can Chase Dragons, 3MotherFunkers y justo cuando Mexican Dubwiser hacía bailar a dos de los ahí presentes, el audio se vio interrumpido debido al adeudo que los organizadores sostenían con los dueños del escenario. Todo se vino abajo. De pronto las sospechas y especulaciones alcanzaron el plano de lo real. Disco Ruido, el acto que seguía en el orden de los horarios, se vio tristemente obligado a subir a desmontar personalmente su equipo e instrumentos. Aunque nunca fue oficial, el festival había llegado a su fin.

Quedaban pendientes algunas participaciones durante el resto de la tarde y madrugada, esto tampoco sucedió. Nada de lo prometido se cumplió salvo lo que nunca estuvo pactado, un total desastre, falta de ética y un insípido trato a la asistencia que seguramente no rebasaba el cinco por ciento de lo esperado. Más tarde las cuentas de las redes sociales del festival continuaban con una ridícula transmisión minuto a minuto previamente programada pues anunciaban las actuaciones en vivo cuando éstas ya habían sido canceladas.

Cansados de esperar y del mal trato recibido por parte de las personas encargadas de prensa, regresamos al hotel. Las sorpresas nos esperaban. Al entrar el supuesto dueño nos comenta que las habitaciones aún no se habían liquidado. Esto nos hace referencia a que minutos antes las cuentas de Ibero 90.9 habían hecho público el desalojo de sus corresponsales, obligándonos a escapar del inmueble a las 2:00 am, para perdernos entre las calles empedradas habitadas por zarigüeyas gigantes.

Las palabras de desapruebo recorrieron todo el municipio. Con lentitud, la noticia, se comienza a propagar y la desconfianza sigue en aumento. El UEI Festival un producto más de la avaricia y necesidad de existir. El organizador escapó, logró evadir momentáneamente las críticas pero será perseguido por su oscuro pasado.

Al final, todos aquellos que por alguna u otra razón tuvimos un accidentado desenlace, llegamos, cual refugiados, a las profundidades de una enorme y bella casa de campo propiedad de una autoridad municipal. Ahí, medios, músicos y allegados al festival comentaban y desmenuzaban una, otra y otra vez hasta el hartazgo los porqués del fracaso sustentable. Entrados en la madrugada, el Hijo Tijuanense de la Noche, criticando el ambiente de luto, expulsó lo que en su ser se gestaba, un sentimiento de repudio sobre aquellos que no aprecian el arte en su sentido más profundo. Gente hablando sobre cuán sedoso es su cabello, sobre canciones desechables, sobre estar en un festival que se preocupa por los demás pero no lo hace por sí mismo. “Deberías estar muerto”, me dijo. “¿Por qué?”. “Igual que yo”, me contestó. “Nada de lo que pasa aquí es digno de la muerte. ¿Para qué vivir si ya estás muerto?”. Le dio un sorbo final al vaso cargado de ron y se fue.

Esta idea se puede aplicar al festival citado. Se trata de un intento más por destacar en medio de la ola de festivales políticamente correctos hechos por aburguesados que pretenden vender una visión natural del mundo que ni siquiera logran entender.

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