Por Alfonso Blanco Samperio /  @alfonsoblanco

Los cines son un recinto donde habitan las sensaciones más diversas. Desde el erotismo presentado con una femme fatale que se desnuda frente al espectador, hasta el grito ahogado que provoca una película gore. Cueva del cinéfilo que aguanta maratones, burdel que invita a la mirada sensual que el cine puede dar, iniciación a la vida adulta; lugar donde se pierde la virginidad mental –poco falta para que se consume el faje o manoseo–; el despertar de ideologías que se encuentran tras ver una obra maestra.

No alcancé a ver los grandes cines. Llegué cuando el multicine apostaba por abarcar un público más “diverso”. Me tocó ver el beta, viví el VHS a todo lo que daba, y fui a vender con mi papá la videocasetera para comprar un moderno DVD. Me tocó correr por la alfombra y soltar la carcajada con maroma respectiva debajo de la pantalla mientras terminaba el intermedio. Vi como los cines de provincia eran exterminados por los multicines. Desvié la mirada a la sección porno cada que entraba al videoclub de la cuadra. Vi florecer los puestos de películas piratas: al principio con recelo, después con gusto. Le di la bienvenida al blockbuster, y despedí con tristeza las credenciales de papel que daban en el videoclub.

cineclub

Me hubiera gustado nacer en la época de la permanencia voluntaria. Pasar las tardes devorando películas, cuando la televisión no fue el motivo para guardarse en casa. Me gusta la experiencia colectiva de ver cine, porque eso representa para mí las emociones y la catarsis – ya sea de risa loca o el llanto moquiento -, no se viven de la misma forma si veo las películas en casa o en el cine.

Esa magia y comunión de sentimiento solo la puedo percibir en los cineclubes; alejados de las grandes dulcerías, de los asientos cómodos – que lo son para que quepan las bandejas y los refrescos, más que para complacer al cliente-; pero sobre todo, que procuran dar proyección a un cine que de otra forma no encontraría cabida en las grandes pantallas.

Son bien conocidos los lugares de proyección que existen en la ahora CDMX, como la Cineteca Nacional, la Casa del Cine, el Centro de Cultura Digital… Son apoyados por distintas iniciativas que bien pueden ser de las instancias de cultura o las salas independientes que encuentran en la inversión privada una forma de existir. Sin embargo pocas veces se sabe o se voltea a ver a los lugares donde se proyecta cine en el interior de la república, en provincia o en el norte del país.  Sectores del territorio nacional donde los multicines ocupan hasta seis salas para un mismo título (Los juegos del hambre o El hombre araña) y donde rara vez llega cine mexicano independiente o propuestas alejadas del cine de Hollywood.

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El cineclub tal y como se le conoce hoy en día no existía sino hasta el año 1920. Es entonces el 14 de enero del mismo año cuando Louis Delluc – considerado como el padre del cineclub – muestra al mundo la primera publicación de la revista Journal du cineclub, de ahí nacen los conocimientos para que la critica tomara un camino que iba más allá de la simple historia de un film y comenzaba a tocar estructuras artísticas, además del hecho de revelarse contra las grandes productoras y distribuidoras creando una propuesta de reacción contra el cine de la época, buscando nuevos horizontes de discusión, aprendizaje y calidad en la cinematografía que se estaba produciendo mientras veían y discutían cintas dentro del mismo movimiento para la formación de cada uno de sus miembros.

La concepción del cineclub ha permanecido hasta nuestros días, son una alternativa alejada del cine comercial. En estos pequeños lugares no encontraremos butacas numeradas, pases VIP o cualquier tipo de promoción que busque vaciar el bolsillo del espectador; más bien estaremos rodeados de un público que permanecerá hasta el final de la película para poder entablar un dialogo entorno a lo proyectado, donde se procurará llevar a especialistas en cine o en el tema que se este tocando dentro del ciclo; porque a diferencia de un cine convencional en el cineclub existe una programación que ha sido estudiada para lograr una retrospectiva, ya que no se asiste sólo para ver una película, sino que al salir de la sala uno se puede llevar un conocimiento dejando a un lado la pasividad de un simple espectador.

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videoclub

Las secretarias de cultura son en muchos casos las encargadas de generar espacios para proyectar propuestas diferentes, lo hacen en bibliotecas, salas de usos múltiples o llegan hasta adaptar teatros para la proyección fílmica. Por otro lado existen los proyectos independientes o fundaciones que proyectan películas en plazas públicas, cafés o centros culturales independientes. La mayoría de estos lugares son gratuitos o con cuotas de cooperación bastante accesibles para el público; esto último genera una oportunidad importante para el acceso al cine, ya que los precios de taquilla que tiene las dos grandes compañías son bastante elevados, lo que impide asistir a los cines a un gran sector de la población.

De igual forma existen programas como la Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional y los festivales como el FICM, DOCSDF o Ambulante, o bien, la Noche Fancine, los cuales exhiben películas para ampliar el público y divulgarlas en distintos puntos de México. Es importante continuar con la expansión de estos proyectos, ya que debemos procurar descentralizar la cultura. Si bien la CDMX posee muchos espacios para ver cine, hay ciudades a no más de una hora que carecen de espacios para la difusión del cine y la cultura. Un país sin cine es un país sin voz.

Noche FanCine Vuelve a la Vida 2015

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